Gustavo Montes


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El blog de Gustavo Montes

viernes 15 abril 2016

La leyenda del tiempo

Ayer nos emocionamos con las chicas del Grado de Artes Visuales y Danza mientras analizábamos algunas secuencias del documental La leyenda del tiempo de Isaki Lacuesta. Sobre todo, cuando Makiko, la chica japonesa que viaja a San Fernando para aprender a cantar como Camarón, recibe por teléfono la noticia de la muerte de su padre y comienza a balbucear la versión cantada del poema de García Lorca que hizo el propio Camarón. Contemplé en silencio los rostros de mis alumnas. Instantes mágicos, formidables, en los que nos dejamos arrastrar por las imágenes, la melodía, el ritmo -el compás, que diría Monge, el hermano de Camarón, que aparece en la secuencia- y la fuerza del poema. Por momentos como este merece la pena dar clases.
Las imágenes de Isaki Lacuesta: https://www.youtube.com/watch?v=ZTmKm-Gm9_o

El poema de García Lorca:
El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.

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jueves 18 febrero 2016

Soy otro: un extraño

Hoy Pitol me ha recordado algo que escribió Justo Navarro, novelista y traductor, en el prólogo de El cuaderno rojo de Paul Auster. Cuando lo leí hace unos años me pasó desapercibido. Ahora, con la relectura, adquiere todo su sentido. Navarro escribió esto:

"Escribes la vida, y la vida parece una vida ya vivida. Y cuanto más te acercas a las cosas para escribirlas mejor, para traducirlas mejor a tu propia lengua, para entenderlas mejor, cuanto más te acercas a las cosas, parece que te alejas más de las cosas, más se te escapan las cosas. Entonces te agarras a lo que tienes más cerca: hablas de ti mismo conforme te acercas a ti mismo. Ser escritor es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo. Escribir es un caso de impersonation, de suplantación de personalidad: escribir es hacerse pasar por otro".

Soy otro. Un extraño.

martes 29 diciembre 2015

Cita con Pitol

Ayer me visitó Sergio Pitol en casa. Está viejito y gordo. Me recordó a mi amigo Roberto Lázaro Ochoa, cineasta y productor, que murió hace una década a los 86 años. Pitol se sentó en la incómoda butaquita del salón y, bajo la luz del flexo, me habló mucho del gran Monsiváis, que también murió y que era su gran amigo literario y al que nunca leí. La literatura, precisamente, ocupó la mayor parte de la conversación. Él, Pitol, me dijo que se había dedicado a estudiar las poéticas de otros y que nunca había tenido tiempo de meditar sobre la suya. No me lo creí del todo a tenor de lo que me estaba contando sobre su preocupación por la forma.

Poco antes de despedirse (ya era tarde y tenía que tomar el avión rumbo a México: vive en Xalapa) me dijo algo que, en cuanto le di un abrazo agradecido y cerré la puerta, anoté precipitadamente en mi cuaderno de notas y que reproduzco, por su interés (pienso en mis alumnos de la universidad), aquí:

Otra regla, la definitiva: jamás confundir redacción con escritura. La redacción difícilmente permitirá que la palabra posea más de un sentido; para la escritura, la palabra es por naturaleza polisemántica (sic): dice y calla a la vez; revela y oculta. La redacción es confiable y previsible; la escritura nunca lo es, se goza en el delirio, en la oscuridad, en el misterio y el desorden, por más transparente que parezca.

Hacía unas semanas les explicaba a mis alumnos de Periodismo la diferencia entre el lenguaje periodístico y el lenguaje literario, entre denotación y connotación, las dimensiones del acto del lenguaje de Austin y la significación del silencio entreverado entre las palabras en la comunicación. El curso que viene, me dije, Pitol estará también en mis clases. El periodismo, ya les he dicho a mis alumnos con mi prepotencia habitual, es un oficio "cortito" si no se complementa con estas cosas.

Nota: Tengo que leer a Monsiváis.

lunes 7 diciembre 2015

Barthes y el drama videoescénico

Ando repasando mi tesis doctoral, Poética del drama videoescénico. La enunciación audiovisual en el teatro español actual, (masoca que es uno) para una posible publicación en formato libro y leo esto:

"Barthes destaca la complejidad de la representación teatral al darse al mismo tiempo una pluralidad de signos proveniente de lo diferentes códigos (y de los usos de éstos) que conforman el sistema teatral. En el drama videoescénico, objeto de esta investigación, esa densidad extraordinaria de la representación teatral, entendida como acto semántico, se ve ampliada al insertarse en el modo de representación teatral elementos del modo de representación narrativo de enunciación audiovisual. Esta investigación no puede dejar de lado, por tanto, parafraseando en sentido inverso al propio Barthes, “el problema del cine”, puesto que los elementos permanentes en la representación teatral, como la escenografía, y aquellos que se muestran cambiantes, como la palabra, los gestos y los movimientos del actor, se relacionan obligatoriamente con los elementos del modo narrativo de enunciación audiovisual a través de la pantalla o cualquier otro soporte de proyección presente en el escenario. La pantalla, como soporte, se encontrará en muchos caso permanentemente en el escenario, formando parte de la escenografía; las imágenes proyectadas serán elementos en permanente cambio, cambio de la verbalidad, el movimiento o los gestos de los actores, pero también de espacios, que podrán desbordarse en su multiplicidad, puesto que la imagen audiovisual está capacitada para convertir en patente cualquier espacio latente o, incluso, en apariencia ausente. De manera que el modo narrativo de enunciación audiovisual, inserto en la representación teatral, amplía el sistema de signos del teatro o, dicho con las palabra de Barthes, redimensiona su “espesor de signos”.

Jo -pienso-, esta parte me salió bonita.

viernes 20 noviembre 2015

Despedida


He estado postergando la despedida de Renzi. Pero hoy, justo antes de llegar a Príncipe de Vergara, he cerrado el libro. Han sido unas cuantas semanas de viajes compartidos en el metro. "La historia continuará -me dijo-. Si no me muero antes". Me conmovió. Renzi, el de verdad, el que vive fuera del libro, tiene ELA. Me lo descubrió Jorge Carrión en El País. "Mierda", me dije. No me consuela que, como autor implícito, siga viviendo eternamente en esa posteridad para la que uno escribe de la que hablaba el maestro Monterroso hace años, poco antes de morirse, en Casa de América. Me gusta imaginarlo cercano, corpóreo, en Pricenton o paseando por Buenos Aires. A Renzi. No sé qué decir. Hasta la próxima estación, Renzi, amigo.

Decisión

Me dice Renzi en el metro: "Uno vive una vida de escritor porque ya lo ha decidido, pero luego los textos deben estar a la altura de esa decisión". Renzi, alos 16 años, ya tenía claro que la literatura era su destino. Toda su vida (nació en el 40, dos años antes que mi viejo) estuvo enfocada, improvisadamente, obstinadamente planificada y diseñada, hacia ese objetivo. Creo que él puede decir que sus textos están a la altura de la decisión adolescente. En fin, siempre es interesante escuchar a Renzi en el metro.

jueves 12 noviembre 2015

Escritor inventado

Últimamente suelo encontrarme de nuevo con Vila-Matas. Viajamos juntos en un vagón de metro camino de la universidad. Me cuenta que, a pesar de todo (está algo cansado del éxito de aquel libro), sigue coleccionando Bartlebys. También me dice cosas como éstas, que no me resisto a consignar:
- "Todo escritor es un híbrido en el que conviven influencias de escritores reales junto a influencias de otros que son inventados".
- Me cita a la Duras (tengo Écrire en la mochila junto a un libro suyo): "Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribéramos".
- Y a Magris: "Escribir significa transformar la vida en pasado, o sea, envejecer".
- A él mismo: "Puesto que la vida es un tejido continuo, una novela puede ser construida como un tapiz que se dispara en muchas direcciones: material ficcional, documental, autobiográfico, ensayístico, histórico, epistolar, libresco..."
Me habla del argumento de la novela La marcha humana de Lorenzo Garza y me entra la necesidad de hacerme con ella, aunque sospeche que se lo está inventando todo: argumento, título y autor.
A veces, por seguir en su compañía (es un gran conversador), deseo no llegar nunca a la universidad. Mecido por su palabras entro en una duermevela deliciosa y siento que soy un escritor inventado (como el inventado Pierre Menard) y viejo (como el viejo periodista Pereira) que escribe un libro de arena, inagotable, en sueños.

martes 13 octubre 2015

Metro

Ando leyendo a Piglia en el metro durante el trayecto a la Universidad. Ayer estaba tan enfrascado en la lectura que me pasé dos estaciones. Hoy me dejé atrás una y, a la vuelta, me la volví a dejar.

Ando ahora en el andén, esperando la llegada del convoy. He dejado de leer un rato. Temo no poder avanzar ni retroceder, permanecer indefinidamente en este ir y venir de estación en estación, atrapado aquí abajo para el resto de mis días.

Si esto fuera un -mal- cuento diría: "Tengo la imprecisa sensación de estar dentro de un sueño".

Oigo la llegada del metro. Esto no es un sueño. Ni un cuento. Entonces, ¿por qué me siento como si fuera uno de esos personajes de Piglia o del mismísimo Borges?

Subo al metro. No sé si podré salir de aquí.

martes 6 octubre 2015

Entrevista socrática

Hoy cambié la metodología de la clase. Abordábamos la entrevista como género periodístico. Les dije a los alumnos que en vez de que el profesor les expusiese el tema, iban a ser ellos los que, desde el primer momento, preguntaran. En función de las cuestiones planteadas íbamos a desarrollar el tema. Al fin y al cabo, trabajábamos sobre el arte de las preguntas y las respuestas.
Una especie de método socrático.
Se me asustaron.
Sólo se tranquilizaron cuando les prometí que luego volveríamos a la metodología habitual.
Me gustó la experiencia. Una obra de teatro con la improvisación (documentada) como base.
Ahora temo que me demanden la nueva metodología para el resto de las sesiones.

lunes 5 octubre 2015

Novela

Esta noche soñé que estaba escribiendo una novela. La clave del sentido de la historia que estaba contando se encontraba en una estructura nueva, inédita, magnífica. Tenía consciencia de que estaba en un sueño. Quise despertarme para apuntar las claves, la estructura, la historia, la novela, y lo hice. Me desperté. Pero me dio pereza levantarme a buscar cuaderno y bolígrafo y volví al sueño. Luego ya no me acordé de nada. Pero sé que era una gran novela. No me da pena. También sé que ya la escribí.

jueves 1 octubre 2015

El libro -gordo- de Renzi

En el metro. De regreso del Campus de Fuenlabrada. A mi lado, una alumna. Acabamos de salir de clase de Redacción Periodística de Primero.
- Para ser periodista hay que leer mucho, ¿no? -me dice mirando el libro -gordo- que tengo entre las manos.
Sonrío.
- Y para no serlo.
- A mí es que no me gusta leer.
Todo me resulta tan ingenuo, tan formidablemente tierno, que no puedo evitar entrar en juego.
- Porque no has descubierto el libro -le digo.
- ¿Qué libro?
Callo. Un momento. Establezco la intriga.
- El tuyo. Cada uno tiene su libro.
No me entiende.
- Tú lee -añado-. Seguro que lo encuentras. Tarde o temprano siempre se encuentra.
Levanto el libro -gordo- para mostrarle el nombre de la portada.
- El de Renzi fue "La peste" de Camus. Era un adolescente. Lo compró porque se lo pidió prestado una chica. Lo leyó en una noche. Y no le gustó. Pero ya no dejó de leer. Escucha.
Le leo un párrafo corto:
"Oh el azar, los azahares, las muchachas en flor... Tengo setenta y tres años, viejo, y sigo ahí, sentado con un libro, a la espera..."
Se levanta del asiento. Es su parada.
- La semana que viene te pregunto -le digo.
- ¿Sobre qué?
- Sobre el libro que te habrás leído.
Se echa a reír.
En ese momento pienso que no me va el papel de maestro. Me encuento más cómodo en el de colega. O en el de amante.
Se cierran las puertas del metro. Sigo leyendo el libro -gordo- de Emilio Renzi.

sábado 12 septiembre 2015

Periodismo

Esta semana he comenzado a impartir clases de Periodismo en la universidad. Allí, en el aula, rodeado de aspirantes a periodistas, he vuelto a reencontrarme con mi vieja profesión. En algún que otro momento he creído atisbar la cara de aquel Gustavo Montes de entonces (intelectualmente el mismo -evolucioné poco-, sin canas y con algunos kilos menos -quizás algo más que algunos-), recién lllegado a la facultad con aspiraciones de escritor más que de periodista, perdido, pero simulando seguridad y entereza. Veo también a Martín, ahora en México como ejecutivo de una empresa de programación informática; a Alberto y a Antonio, ahora actores consagrados; a Pili, Lorena y Nuria, que siguen en la profesión... A otros, de los que ya no recuerdo el nombre, pero sí sus caras, las de entonces. No me voy a poner nostálgico. La vida es una película y, como tal, sólo existe el presente como un fluir constante de tiempo. Ese presente dinámico que hace del pasado una mirada hacia atrás y del futuro una mirada hacia adelante que aparece siempre en presente. En fin, viva la contradicción: la analepsis se impone. Qué diablos: viva la nostalgia. Qué poco cambian las cosas.

viernes 4 septiembre 2015

Cuento para niños

Voy en metro (regreso tras visitar el Campus de Vicálvaro de la URJC, donde este curso voy a impartir clases).

Acabo de recordar. Verano. Casa de mi abuelo, donde ensayábamos con el grupo de música. Me veo escribiendo con una brocha empapada de pintura roja en la pared del corral, bajo las escaleras de la azotea: Conte pour enfants. Dejo la frase a medio terminar. Hago fotos.

Hace unos días hicimos estallar un televisor viejo bajo la misma pared en la que escribo sólo por divertirnos. Resuena el estruendo en mis oídos.

A mi abuelo casi le da un ataque.

Con la misma cámara de fotos barata tomo imágenes de Jose en el cuarto de baño abandonado. Le he hecho quitarse la camiseta y lo he metido en la bañera. Con la misma pintura roja le dibujo líneas de sangre en el brazo y dejo una jeringuilla en el suelo, bajo la bañera (quizás no era una jeringuilla, sino cuchillas de afeitar de mi abuelo). Tomo varias imágenes desde distintos ángulos. En la cámara tengo un carrete de diapositivas que, aunque aún no lo sé, nunca llegaré a positivar.

Tenemos 15 ó 16 años y un grupo de música que se llama Ropa Interior.

Esto que estoy haciendo es mi primer intento de espectáculo. Pensaba proyectar las diapositivas mientras leía un texto en francés del que no recuerdo nada. Quizás Jose, McKeihan y Pinto, mis compañeros de grupo, acompañaran la performance con música psicodélica.

Ahora que lo pienso: no tenía proyector.

Ahora que lo pienso: Entonces tampoco importaba.

Voy en metro. Regreso.

lunes 15 junio 2015

Periodismo impuro

Hoy he puesto de los nervios a mis compañeros (grandes profesionales a los que admiro) de asignatura (Géneros Informativos e Interpretativos en prensa) al sugerir la inclusión de alguno de los cómics periodísticos de Joe Sacco (Palestina, Gorazde o Notas al pie de Gaza -ésta última recibió un importante premio de periodismo de investigación-) en la lista de "lecturas obligatorias" del programa. Se me ha argumentado que no era una publicación "en prensa", a lo que he respondido que tampoco la novela de no ficción A sangre fría de Capote se publicó en prensa y estaba entre las lecturas obligatorias. En fin, preferí no seguir con el debate (soy nuevo) y acordamos que yo lo tratase como quisiera en el último tema del programa (algo así como "otras expresiones periodísticas") en mis clases. Sólo entonces respiraron tranquilos. Es curioso como las formas híbridas, impuras, que se alejan del marco conceptual establecido, generan incomprensión hasta en las personas más inteligentes. Pero estas formas, creo, son las más interesantes.

sábado 17 enero 2015

El tigre

No suelo escribir fechas en los libros que compro. Pero entonces supongo que sí las ponía. Reconozco mi letra en la primera página. Escribí: "2) Mediados de Abril del '84". Si hay un 2) hay un 1). Busco en la estantería. No encuentro el 1), pero sí el 3). El 2) es El hacedor de Borges. Rebusco. Al fin hallo el 1). Es El Aleph de Borges, como suponía. El 3) es El informe de Brodie, obviamente, también de Borges. Todos, profesionalmente subrayados y anotados de arriba a abajo, de "mediados de Abril del '84". Entonces tenía 16 años recién cumplidos. "Era un monstruito -me digo-. ¿Quién diablos lee a Borges a esa edad?".

Menos mal que no andaba solo: en La Centenaria me juntaba con Fran (José Antonio Francés) y Martín (Moreno) -éste dominaba el gíglico cortaziano-, otros monstruitos adolescentes, con quienes compartía "mundos vírgenes" con café con leche y, a veces, una copa de aguardiente.

Mientras escribo salta la música del viejo cassette que tengo puesto. Le digo a mi hijo de 10 años que le dé la vuelta a la cinta. Lo intenta. Pero no entiende la tecnología de entonces. Le ha dado literalmente la vuelta, colocándola cabeza abajo, y se desespera porque no funciona. Un golpe irónico del presente al pasado en forma de metáfora casual.

Ay, el tiempo es un tigre que me devora -como dice Borges-, pero yo soy el tigre.

No sé, creo que voy a seguir sin anotar la fecha en los libros.