Le petit dejeneur de Walter Benjamin

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Serra
Acabo de recuperar un texto breve de Walter Benjamin para la preparación de la tesis que espero terminar algún día sobre la convergencia de los códigos audiovisual y teatral. Con Bejamin me acordé del pintor Paco Serra, ahora exiliado en su retiro de Torreblanca. Hace unos años, le escribí un prólogo para un dossier en el que, haciendo un ejercicio de funambulismo, aplicaba el concepto de AURA, acuñado por el alemán en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, a la lectura de su trabajo. Cuando lo leyó, el pintor me miró algo desilusionado y dijo: Bueno, es tu visión.

En aquella época, Paco Serra partía de collages de fotos de revistas pornográficas, luego diseñaba con programas informáticos, ploteaba el resultado en grandes lienzos y volvía a crear a base de pintura acrílica. Es decir, partía de lo reproducido para descontextualizarlo, darle una nueva significación y, de un modo mágico, dotarlo de ese AURA casi mística de la que hablaba Benjamin: el aquí y ahora de la obra de arte, su existencia irrepetible en el lugar en que se encuentra. Esto, sigue Benjamin, constituye el concepto de su autenticidad. En la época de la reproducción técnica de la obra de arte -concluía- lo que se atrofia es el aura de ésta.

Paco Serra actuaba en la creación de su obra como una especie de justiciero del arte. Armado de cúter recortaba las piezas de un rompecabezas y las armaba pacientemente hasta construir, por ejemplo, Le petit dejeneur de Mme. Josephine (Un gran falo negro dentro de la boca de una mujer, rezumante de semen, sobre el fondo rojo y amarillo del logo de Cola-Cao). Independientemente de la valoración moral o estética del motivo, que generó cierta polémica en la exposición que organizó L’Oreal, aquella obra, aquel desayuno, tenía -que me perdone Benajmin- AURA. Un AURA que presuntamente fue censurada por los organizadores ante la visita de una alta personalidad del Estado.

Vuelvo a releer el texto de Benjamin para la tesis y pienso que el código teatral también tiene AURA. —¿Qué otro arte puede presumir más del aquí y ahora? —¿Qué arte puede presumir de un aquí y ahora cambiante cada día, en cada representación, en cada dirección, en cada actuación?

ASALTAMOS LA TELE

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madtv
No estamos locos (—¿o sí?). Una serie que hemos desarrollado ha entrado con buen pie en una tele. Hacedla, les ha dicho la Directora de Contenidos a Juan y a Gustavo (un tercer Gustavo, distinto al González y al Montes: somos como una plaga que se extiende), productores ejecutivos del proyecto y socios de una productora amiga. La serie es de un humor un tanto gamberro y, si nada se tuerce por el camino (un mar proceloso lleno de tiburones), pronto nuestros personajes vivirán su particular aventura catódica. Se titula… Mejor no dar nombres. Nunca se sabe quién puede estar leyendo esto y todavía faltan por atar algunos cabos. Sintoniza tu televisor. Vete preparando. Pronto asaltaremos tu pantalla.

La Sala Janagah, el Área de Gobierno de las Artes y la receta de Martin Crimp

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Martin CrimpAyer llegó al Janagah una carta del Área de Gobierno de las Artes del Ayuntamiento de Madrid (la Concejalía de Cultura, para que nos entendamos). Manuel lago, Director General de Actividades Culturales, que la firmaba, nos decía que se ponían en contacto con nosotros para comunicarnos que el Área de Gobierno de las Artes del Ayuntamiento de Madrid, consciente de que las artes escénicas en nuestra ciudad requieren el apoyo de las instituciones públicas y, como continuación a la convocatoria anual iniciada en años anteriores, ha puesto en marcha la convocatoria de ayudas económicas de carácter anual a las Salas de teatro de pequeño formato para 2006. —¿Era una burla o simple efecto de un mailing poco trabajado? El año pasado nos la habían denegado a través de otra carta por no cumplir los requisitos de la convocatoria.

Como la carta no especificada qué requisitos eran esos (creíamos tener solucionada la cuestión burocrática), llamamos a la que había sido nuestra interlocutora, María Antonia Torrejón, a la sazón Asesora de las Artes (sic). Nos explicó que el proyecto de programación que habíamos presentado excedía a las características de la convocatoria. Esto es, teníamos programadas actividades que no eran estrictamente teatrales: ciclos de cortometrajes y debates con los directores, conciertos acústicos de grupos emergentes de rock, danza y otras actividades por el estilo. Además incluíamos, como no podía ser menos -somos una sala teatral-, la programación de obras de teatro (Teatro Hurgente, monólogos, etc). En fin, una programación híbrida que daba cabida a distintas expresiones. Nada espectacular.

Hasta la última preposición

Tras la explicación, tuvimos clara una cosa. Nunca recibiríamos una subvención. Al menos desde el Área de Gobierno de las Artes (qué mal suena unir gobierno y arte). Desde nuestra modesta sala entendemos que el teatro debe mezclarse, contaminarse de otras artes, de otros códigos. Del audiovisual, de la música, de la danza. Y, aunque todavía no hemos llegado a ello, de las Nuevas Tecnologías de la Comunicación. Y de las antiguas. En el escenario del Janagah convivirán todos estos códigos, todas estas expresiones y las que aún no han llegado. Convivirán todos aquellos códigos que enriquezcan y haga al teatro más teatro. Dentro del teatro, antes del teatro, durante, mientras… hasta la última preposición.

Hoy en el diario EL Mundo, el dramaturgo Pedro Víllora le hace una entrevista a Martin Crimp, el autor británico pinteriano que programa el nuevo Teatro Valle-Inclán. Es cierto que me he beneficiado -dice Crimp- del hecho de que nuestro teatro, el Royal Court, esté subvencionado. Y añade: Todo escritor investiga sobre el tema, pero también con el material con el que se crea: el lenguaje. Dado que ya no existen recetas establecidas para la creación, cualquier escritura para el teatro es el intento de crear una forma que contenga un significado para el escritor, y es de esperar que también para el público.

Programación multidisciplinal

Nunca seremos el Royal Court, evidentemente (ni yo Martin Crimp, a lo que por otra parte no aspiro), por muchas subvenciones que nos concedan. O que no nos concedan. Pero el Janagah sí tiene un público. Por respeto a él llevamos nuestra programación a cabo, al menos todo aquello que pudimos hacer sin subvención. Este año -la necesidad obliga- volveremos a solicitarla, también con una programación multidisciplinal. En el Janagah aún creemos -muchos lo considerarán ingenuo- en el efecto transformador del teatro. Por tanto, que cambien ellos.

Más allá del TEATRO HURGENTE

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OFF-Familia
Estaba de fin de semana rural y de repente sonó el móvil. Era Maguy Magán, actriz y directora de teatro. No la conocía. Fue directamente al grano. Me habló de que había leído OFF FAMILIA’S (Trilogía de Teatro Hurgente) y quería montarla con su compañía, Borogobio. Quedamos para un día a mi regreso a Madrid. Nos vimos en una cafetería céntrica. Enseguida nos dimos cuenta de que la concepción que teníamos del teatro era muy similar. No era extraño. Maguy y los miembros de Borogobio habían participado en el Teatro del Común de Sanchis Sinisterra, autor de obras y estudios teatrales que admiro. En OFF Famila’s hay mucho de sus teorías sobre el silencio como diálogo. No tuve la menor duda de que llevarían a cabo un buen montaje. Sin embargo, tras despedirnos -patéticamente, casi sufro un desmayo: había comido poco y entrenado mucho. El kik-boxing es explosivo y desgasta- tuve algunas dudas. No por el trabajo que haría Borogobio, sino por la naturaleza del Teatro Hurgente.

Es algo que tiene mucho que ver con el momento, con la actualidad, y se realiza bajo unas condiciones muy concretas, como disponen sus DIEZ MANDAMIENTOS. —¿Podría el Teatro Hurgente transcender sus propios mandamientos? —¿Podría ser interpretado por actores y actrices distintos a los que de alguna manera habían inspirado esos personajes? —¿Podría ser dirigido por otro director distinto a Gustavo González, coautor de los MANDAMIENTOS? A cualquiera puede parecerle baladí todo esto, pero para el autor era un asunto de tal transcendencia que rayaba la alta traición. Sin embargo, esquivando el patetismo a donde podían llegar, las dudas duraron poco. El Teatro Hurgente es más teatro que hurgente. Más allá del Teatro Hurgente se encuentra el propio teatro. Y, para estar vivo, el teatro necesita ser representado. Necesita un público y una compañía dispuesta a asumir el riesgo de enfrentarse a él. Borogobio era esa compañía. En junio estrenan OFF Familia’s.

OFF-Familia
Ando con cierta ansiedad por ver el estreno. Las fotos que me han enviado de los ensayos tienen bastante culpa de esto. Son El Agresor y La Víctima de OJOS. De algún modo mágico he podido entrever que Juanjo D’Olivar y Patricia García, dos de los actores del primer OFF Familia’s, andan también por ahí.

VISIBLE y Pablo Peinado

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Visible
Hoy se ha presentado en la Casa de América VISIBLE, el 2—º Festival Internacional de Cultura gay, lésbica y transexual, que se celebrará en Madrid entre el 7 de junio y el 17 de julio. VISIBLE es una iniciativa cultural abierta y multidisciplinar, cuyo principal objetivo es dar visibilidad cultural y social, al colectivo de gays, lesbianas y transexuales, mostrando el valor que la aportación que este colectivo ha realizado a la sociedad. Artes plásticas, foros, cine y teatro. En este último apartado, dos montajes han llegado de fuera de nuestras fronteras. Uno se titula Las heridas del viento, con un reparto hispano, aunque viene de USA. El otro es una obra venezolana titulada Jav & Jos: una pareja casi perfecta. También en el apartado de teatro y danza casi todos los espectáculos son estrenos. Absolutos en el caso de La parte del sol, Prepucio, El Satiricón, Rondó y Las cárceles del alma. Estrenos en Madrid, como ocurre con Terapias y Ser o no ser. El director del festival, Pablo Peinado, tiene el mérito de haber contado con la participación, no sólo de asociaciones de gays, lesbianas y transexuales, sino también de instituciones locales, autonómicas y estatales.

BIBIANA ARENA

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bibiana arenas
Bibiana Arena es una bailarina y coreógrafa brasileña que reside en España. Sus espectáculos son historias contadas a través del cuerpo y del gesto. Mezcla distintos estilos, entre ellos el butoh japonés, con vivencias autobiográficas. Verla en escena es casi una conmoción. La programamos en la Sala Janagah el año pasado. La maleta, uno de sus espectáculos, me impactó por el erotismo desgarrado que hay en él. Ahora podemos ver La maleta de nuevo, junto a Rayas, Donde eso me toca, tú no alcanzas y Tacones en el Círculo de Bellas Artes el viernes y el sábado, 21 y 22 de abril.

BLASTED de SARAH KANE

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blasted
SOLDADO.-
—¿Nunca te había follado un tío?
IAN.-
(no contesta)
SOLDADO.-
Me parece que no. No es para tanto. He visto a miles de personas tratando de escapar de la ciudad, metiéndose en camiones como si fueran cerdos. Las mujeres arrojaban a los niños a bordo con la esperanza de que alguien los cuidara. Algunos morían aplastados, a otros les sacaban los ojos. He visto incluso a niños con la cara destrozada. Una jovencita que violé se metía la mano dentro tratando de sacarse mi semen. He visto a un hombre hambriento comiéndose la pierna de su mujer. Las armas están aquí, y ya no van a desaparecer jamás. Así que no te pongas melodramático sólo por tu puto culo.
IAN.-
—¿Vas a matarme?
SOLDADO.-
Siempre pensando en ti mismo, en tu propio culo.

Sarah Kane
Oí hablar de Sarah Kane cuando ya se había convertido en un mito: se suicidó en 1999. No tenía treinta años y ya se sentaba a la derecha en el Club de los Suicidas. Haciendo honor al título de su -creo- primera obra, reventó. Se convirtió en objeto de estudio de psiquiátras y psicólogos, de cazadores de mitos literarios. Pero, más allá del mito, en Sarah Kane están Pinter y Beckett. La técnica. La escritura. Cierta filosofía. Pero ella no sólo escribe. Dispara. Construye teatro a base de disparos. Hay quien la acusó de tremendista. —¿Y qué?

BRECHT y el camino de la CLASE OBRERA

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dos obreros
Tras una opípara cena en La Talega y un café en El Gofre, algunos terminamos la noche en casa de Fran (lindos cuadros de pintores alcalareños en la pared, vitrina con libros escritos por el propietario y recuerdos de Praga, de Disney, de amigos). Estábamos Fran, periodista, novelista, profesor. Su pareja, Lucía, alta ejecutiva de una multinacional. Roberto, guionista de series de televisión. Nuria, mi pareja, coordinadora de prensa de un sindicato. Y yo mismo. Los mismos que nos habíamos reunido unos años antes por las mismas fechas, aunque faltaba Ruth, pareja de Roberto y psicóloga (quizás, por el camino que tomó la conversación, hubiera hecho falta su presencia).

Hablamos de cine, de televisión y, finalmente, de obreros y empresarios. De la primera reunión a ésta, no habíamos cambiado mucho. Todos manteníamos las mismas posturas, matizadas quizá por la experiencia, e igualmente enfrentadas. Sin embargo, había algo que nos unía. Todos éramos hijos de obreros y unos más y otros menos lo habíamos olvidado inmersos en la vorágine de eso que llaman ascenso social. Éramos profesionales.

Profesionales. Es decir, obreros asimilados. Obreros sin conciencia de pertenencia alguna. Obreros que han olvidado su historia común de lucha. Me sentí triste. Siempre pensé que uno nunca debe olvidar de donde viene, puesto que esto determina el camino. No hace mucho leí una crítica de Javier Vallejo en El País sobre la versión teatral que ha hecho Antonio Onetti de Solas, la película de Benito Zambrano. En ella clasificaba a las dos protagonistas, madre e hija -ésta limpiadora-, como clase media baja. Ya no existe la clase obrera. Nos han arrebatado el nombre, el concepto, la historia, la lucha… la conciencia. Ahora somos operarios o profesionales. Clase media. Baja, alta, Media-media… Pero clase media. —¿Es ese nuestro camino?

Nos despedimos sobre las cuatro y media de la madrugada. Estaba cansado y, no sé por qué, pensé en Brecht.

Artaud y los ONCE HERMANOS

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Artaud
He estado en Sevilla en Semana Santa. Más concretamente en Alcalá de Guadaira, mi pueblo. Allí también hay procesiones. Voy casi todos los años por estas fechas. Pero no suelo ver procesiones. Es un tipo de teatralidad ritual que no me pone. No sé si Artaud tuvo oportunidad de ver alguno de estos pasos. Supongo que no, aunque imagino que le hubiesen gustado (de algún modo, propuso la vuelta al ritual en el teatro). Dicen que era un tipo genial y desequilibrado. Sus teorías teatrales, herederas de algunas propuestas de Alfred Jarry y recogidas después por el gran Jean Genet, están construidas desde el desequilibrio. Dicen que sólo desde la alienación puede alumbrarse la revolución que Artaud concibió para la escena y expresadas en El teatro y su doble y El teatro de la crueldad.

Pero yo no suelo ver pasos de Semana Santa. Me reuno con viejos amigos y como -sobre todo como- con la familia. Quiero decir, con mis padres y hermano, eso que llaman la familia nuclear. Durante el café mi padre despertó mi curiosidad por la otra familia, esa que de tan extensa uno nunca ha conocido. Me contó fragmentos de historias de mi abuelo y algunos de sus diez hermanos. Historias de postguerra. Historias de lucha y tragedia. De esperanza en la derrota, de un humor triste, pero humor al fin. Me habló del episodio de mi abuelo y su amigo Benítez frente a una pareja de la Guardia Civl en el que una discusión surrealista sobre una perdiz estuvo a punto de costarles la vida. Me habló de su tía Encarna, novia durante la guerra de un comandante alemán que murió en combate y del que tuvo un hijo (ilegítimo se decía entonces), Jaime, al que la familia paterna quiso llevarse a Alemania sin conseguirlo. Cuando Jaime creció se hizo comunista y lo metieron preso durante el servicio militar (bicheando en internet he descubierto un Jaime con los apellidos de mi abuelo en la ejecutiva de hace unos años de CC.OO Andalucía).

Mi padre me habló también de su tío José que tenía dos hijos, a uno de los cuales descubrió pintándose los labios en el cuarto de baño. Me habló de su tía Josefa y de su primer marido, que se dejó matar por los falangistas sin usar la pistola que tenía consigo (a mi abuelo se lo oí reprochar muchas veces durante mi infancia). Me habló de su tío Romualdo, de su tía Patro, de su tía Cristina… De los once hermanos

Mientras mi padre hablaba, yo trataba de recordar una vieja foto colgada de la pared en la casa de mi abuelo. Once hermanos -hombres y mujeres ya mayores- alrededor de una pareja de ancianos. Intenté ponerles cara a los nombres (mi abuelo me los señaló, me repitió sus nombres uno a uno decenas de veces en respuesta a mis demandas infantiles). Fue inútil. Los había olvidado. De la calle llegaba el sonido de tambores y trompetas procesionales. Dentro, las voces de los once hermanos.

Definitivamente, Artaud hubiese escrito sobre las procesiones -quizás lo hizo, no recuerdo-, creo que yo lo haré sobre esa foto. Me gusta el título de la obra: Once hermanos.

SANGRE LUNAR de Sanchis Sinisterra

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sangre lunar
No hace mucho el Centro Dramático Nacional estrenó Sangre lunar en el María Guerrero. Un espectáculo con una escenografía móvil impactante y sorprendente y unos actores y actrices eficaces. Sin embargo, no terminó de convencerme. Considero a Sanchis Sinisterra uno de los mejores dramturgos españoles y un gran teórico del teatro. Un maestro. Mi maestro, a pesar de que nunca lo he conocido personalmente. En sus textos es tan importante la palabra como el silencio. No es difícil escribir palabras, pero sí lo es escribir silencios. No es difícil dirigir palabras, pero sí lo es dirigir silencios. Me gustó la escenografía. Pero no me gustó para el texto de Sanchis. Sangre lunar no necesita de artificio. No permite hablar al silencio. Tampoco permite oírlo. El monólogo final de la chica en coma es genial. Sólo por él merece la pena haber ido a ver la obra. A pesar de la fastuosa escenografía. Prefiero al Sanchís desnudo.