—¿Qué diablos es el Teatro Hurgente?

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Suelen hacerme esta pregunta. Así que traslado el prólogo (algo así como un prólogo) que me encargaron desde la Editorial Hiru para la edición de OFF FAMILIA’S (TRILOGÍA DE TEATRO HURGENTE). Aviso a navegantes: quizás sea algo extenso para la red.

ojos.agresor A la hora de elaborar el prólogo [e] que el lector acaba de comenzar, me sumerjo en un mar poblado de pequeñas y fantasmales inquietudes. Medusitas inquietantes en su imprecisión. De tres de ellas al menos soy plenamente consciente. Primera: quizás el autor -como es conocido por todos- no sea la persona idónea para hablar de la obra por aquello de ser parte más que implicada en la misma. Segunda: quizás, teniendo en cuenta que comenzamos esta aventura en el Janagah hace escasamente unos meses, no haya la suficiente perspectiva ni para el autor ni para ningún improvisado prologuista. Tercera: quizás, siguiendo a Brecht, la naturaleza del autor -servidor- esté incapacitada para la metafísica. De las inconscientes, mejor no hablar. No ya porque sería un modo insano de torturarme, sino porque sería un modo aún más insano de torturar al lector.

No obstante, la autodisciplina que últimamente me he impuesto, me obliga a ser consecuente con el encargo que me ha hecho la editora de este libro, persona de dilatado rigor intelectual, a la que no me gustaría defraudar en modo alguno.

Comencemos, pues, por el principio. Y en el principio fue la prensa. No sé si al lector le sucede lo mismo o se trata de una enfermedad de índole laboral que aqueja a aquellos que hemos practicado con mayor o menor acierto ese extraño oficio que llaman periodismo. El caso es que yo, en ocasiones, veo monstruos. En ciertos momentos me invade una inexplicable sensación: la realidad sólo me parece real si la veo reflejada en un periódico, en una revista, en la radio, en la televisión… Esto es cada vez más frecuente y hay en mi ánimo cierta preocupación que no quiero ocultar, puesto que esa realidad no deja de ser una “determinada” realidad previamente seleccionada, redactada, fragmentada y servida con un cierto orden jerárquico, representación a su vez de un mundo también fragmentario y jerarquizado. Y quizás sea esta preocupación, que comparto con Gustavo González, director de la sala Janagah y de las tres obras de Teatro Hurgente que el lector tiene en sus manos, el origen y desencadenante de lo que bautizamos, en una tarde de abundante café y tabaco, como Teatro Hurgente.

No es mi intención justificar ni explicar los Diez Mandamientos del Teatro Hurgente (y dos revelaciones adicionales), puesto que el lector puede consultarlos en estas páginas y quiero creer que se explican por sí mismos en su concisión. No obstante, sí me gustaría apuntar que nacieron motivados por una doble necesidad. Por un lado, la necesidad de tener un armazón poético con el que sostener la estética y la ética de nuestras historias desde su concepción como texto hasta su puesta en escena. Por otro lado, la necesidad funcional pero no menos importante de adaptar nuestro trabajo a un espacio de dieciséis metros: el escenario del Janagah [e]

Toda poética, desde Aristóteles, pasando por la Carta a los Pisones de Horacio, El Arte Nuevo de hacer comedias de Lope, el Prólogo a Cromwell de Victor Hugo, el Naturalismo de Zola, los manifiestos surrealistas de André Breton y otros muchos incluido el último Dogma cinematográfico, genera una forma de hacer, una forma de contar y de ver la vida. Y en ese momento, en cuanto la vida se cuenta, se toma partido. De ahí que definamos al Teatro Hurgente, pese a no ser esencialmente mimético, como un teatro político en nada ajeno a lo que ocurre en la realidad, esa realidad reflejada en los medios de comunicación, efecto y causa de mi mencionada enfermedad laboral.

A veces, hablando Gustavo y yo (somos realmente dos Gustavos, no es un recurso de estilo borgiano) hemos llegado a la conclusión de que el Teatro Hurgente tiene un carácter especular. Esto es, interpretando torpemente a Dͤllenbach, un teatro que refleja la realidad que reflejan los medios de comunicación que a la vez reflejan la realidad que refleja el Teatro Hurgente que a la vez… Así hasta un abismal infinito. De hecho, puede resultar cuanto menos paradójico que un teatro del que se infiere cierta crítica a los medios, recurra tanto a ellos en cuanto se acerca un estreno. De algún modo, el Teatro Hurgente, comienza en el periódico y termina en el periódico que el espectador trae bajo el brazo el día de la función y en el que ha leído la noticia de nuestro estreno. Qué sé yo. Quizás estemos condenados. Quizás sea cierto y la única realidad auténtica sea la que aparece en los medios de comunicación.

No obstante, mi recién descubierto optimismo me impulsa a pensar que quizás sea más real la verdad a la que el espectador asiste en vivo en el escenario, que quizás sea más ontológicamente cierto, que el suceso reflejado en el periódico o que el suceso mismo, al que sólo llegamos a percibir como real porque damos credibilidad a lo que nos cuentan en el papel impreso o en la pantalla de televisión. Llegados a este punto creo que me desmentí a mí mismo cuando citaba a Brecht al principio de este texto.

Vayamos a lo concreto. Las tres obras que componen OFF familia—´s forman la primera trilogía de Teatro Hurgente. Dos obreros, Ojos y El Bus se han estrenado por separado en el Janagah durante los primeros meses de 2004 con una gran acogida por parte de público y una buena aceptación de la prensa. Posteriormente, estrenamos OFF familia—´s, apelando a la multidisciplinalidad recogida en nuestros mandamientos, con una nueva dramaturgia en la que integramos los ritmos y las letras hip hop del grupo Marcha Hormiga y teniendo a uno de los personajes -El Loco de El Bus- como elemento conductor de las tres historias. Este libro incluye la primera versión. Es decir, las tres obras cortas. De cualquier modo, me gustaría dejar constancia de mi agradecimiento por la desinteresada cesión de las letras de Marcha Hormiga por parte de su autor, Amón Ra (Juanra Peña). Letras que, sin lugar a dudas, enriquecieron el valor de la puesta en escena del texto, dotándolo de un nuevo y desconocido sentido.

Siguiendo los Diez Mandamientos del Teatro Hurgente (y dos revelaciones adicionales), las historias que componen OFF familia—´s provienen de tres noticias periodísticas distintas. Pese a que sus argumentos giran en torno a acontecimientos autónomos, desde la primera fase de escritura las une una idea central: el peso que el concepto de familia tiene en el comportamiento de los personajes. De hecho, pensé titularlas simplemente Familias. La inclusión del OFF vino después: me apetecía destacar ese espíritu de riesgo creativo que, desde la modestia y la desmitificación, nos enfrentamos al espectáculo en el Janagah.

Dos obreros [e], inspirada en una noticia sobre un accidente laboral (El País, 11 de noviembre de 2003), es la historia de un padre y un hijo, condenado éste (el fatum encarnado en una máquina compresora) a repetir la biografía paterna. El dramaturgo argentino Mauricio Kartun me dio la clave. Mi “Manuela” le debe muchísimo al “Marciano” de su obra Desde la lona. La escribí para los actores del Janagah Javier Oliván y Diego García, obreros reales ambos. El primero barrendero, el segundo pintor de coches.

Ojos [e] (El Mundo, 14 de diciembre de 2003) es una historia sobre la impostura, una impostura generada por una agresión demasiado brutal para ser asumida racionalmente en la oscuridad que rodea a los protagonistas. Escribí el texto para Yuly Bernardi, Juanjo D—´Olivar y Patricia García. Los dos primeros actores latinoamericanos, de ahí el léxico de sus respectivos personajes. Estuve a punto de sufrir un ataque de ansiedad cuando me dijeron que los amigos de la víctima real iban a fletar un autobús desde Asturias para venir al Janagah a ver la obra. Me avergüenza confesar que mi lado oscuro de periodista pensó en aprovechar la visita, que finalmente no se produjo, para explotarla mediáticamente.

El Bus [e] (El País, 3 de diciembre de 2003) plantea la imposibilidad de la familia a través de las acciones que genera la espera sin esperanza de un grupo de mendigos en un autobús destartalado. La escribí para Juanra Peña, Javier Oliván, Cristina Cózar y Loreto Hernández. Sin duda, hay mucho de Esperando a Godot -un falso Godot que llega sin llegar- en ella.

Finalmente, como ya he apuntado, una nueva dramaturgia musical con la incorporación de los temas de Marcha Hormiga [e], dio lugar a OFF familia—´s. En las historias que la componen, los personajes ejercitan la ocultación a través de la impostura, el silencio, el no querer o no poder oír, el no querer o no poder ver… No actúan de un modo premeditado. No son conscientes de sus motivaciones. No podrían actuar de otro modo. Están marcados por una desesperada necesidad de comunicar. Están marcados por una desesperante incapacidad para comunicar. Sólo en la tragedia, en la muerte, se producen atisbos de comunicación. OFF familia—´s apela al espectador, al lector en el caso que nos ocupa, para que, conjurando sus fantasmas cotidianos, sea parte activa en la elaboración del discurso. En palabras de Sanchis Sinisterra: “nuestros fantasmas son los verdaderos actores del drama. Los que se mueven y hablan en escena no son más que su momentánea encarnación”.

Son obras cortas escritas en pocos días. Y tienen los defectos y las virtudes derivados de esa urgencia. Sin embargo, en las tres hay un intento de exploración creativa, de trascender la fugacidad de la noticia, de la anécdota, de crear una verdadera obra literaria. Aunque las tres tienen estructuras muy distintas, comparten la pretensión de introducir al espectador en el descubrimiento activo de los personajes, de dejarle abiertas puertas para que reconstruya la historia más allá de lo que se cuenta en el escenario. De apelar a su creatividad, en definitiva.

Por lo demás, toda poética -aunque sea minipoética como la nuestra-, genera una micropoética, una manera de entender y aplicar por parte del autor el conjunto de normas que la rigen -el catedrático Francisco García, director de mi inconclusa tesis sobre el cine digital, decía que sumando poética y creatividad se obtienen obras originales-. En mi caso, a parte de vivencias, ideología, formación como periodista y pasado como guionista de televisión, hay también un peso a veces consciente, a veces inconsciente, de las obras de ciertos autores a los que releo siempre con gran interés. Autores como Beckett, Pinter, Shepard, Kartun, Sanchis Sinisterra, principalmente. Aunque siempre quedan rescoldos de cualquier lectura, incluso de los clásicos griegos. Al maestro cuentista Augusto Monterroso tengo que agradecerle el haberme reafirmado en la idea de que un cuento (sustitúyase por cualquier género) es una historia. “Una mera historia”, dijo concretamente en uno de los salones de la Casa de América. Y a André Breton, a quien no tuve el gusto de conocer pero sí de leer, por aquello que escribió en su Discurso sobre la poca realidad: “Que tengan cuidado, conozco el significado de todas mis palabras y cumplo naturalmente con la sintaxis (la sintaxis, que no es disciplina, como creen algunos tontos)”.

No considero estas obritas como un mero experimento teatral, como tampoco considero experimental el Teatro Hurgente en su puesta en escena. El adjetivo experimental es una manera que tiene el status quo social de desarmar cualquier intento de modificación, de innovación, de cambio, como bien apuntó Umberto Eco. Por precaución ideológica le tengo especial aversión a ese adjetivo.

Durante los meses de febrero a junio de 2004 vivimos una frenética actividad en el Janagah. En nuestra pequeña sala situada frente al enorme Teatro de Madrid escribimos, diseñamos, ensayamos y estrenamos una obra de teatro al mes. El lector tiene en sus manos sólo una parte mínima de este trabajo. Una obra de teatro, como todo el mundo sabe, está escrita para ser representada. Los responsables de infundir vida a OFF familia—´s son Gustavo González en la dirección e iluminación, Gema Nieto en la producción, Alejandro Pérez Morelos en los efectos digitales y el sonido, los actores y actrices del Janagah en la interpretación, los componentes de Marcha Hormiga a cargo de la música y cerrando (o abriendo) el círculo especular, yo mismo a cargo de la comunicación.

Actualmente, estamos inmersos en la distribución de OFF familia—´s en otros espacios escénicos y en la preparación de la segunda trilogía de Teatro Hurgente (ya seleccioné los temas en mi cuaderno de recortes y posiblemente se titulará IndividuOFF) [e] que, como la primera, se estrenará en el Janagah en los siguientes meses.

Ahora que estoy a punto de dejar al lector en paz con la obra, me interno en el mar de dudas del principio. Una duda se eleva por encima de las demás y toma forma de pequeño batracio verde. Quizás la dificultad mayor a la hora de elaborar este prólogo venga determinada por un simple hecho. El Teatro Hurgente es algo inconcluso, todavía en formación, vivo. Respira. Late como el minúsculo corazón de un batracio en la mesa de operaciones. —¿Y dónde se ha visto un prólogo para algo que no ha hecho más que empezar?

Calle Pozas, agosto 2004

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL TEATRO HURGENTE (Y DOS REVELACIONES ADICIONALES)

Los Mandamientos que el lector tiene entre sus manos fueron revelados a los dos Gustavos durante una larga tarde de café y tabaco en el Janagah. Investigados sus testimonios por la autoridad competente, se descarta cualquier efecto alucinatorio provocado por el alcohol o cualquier otra sustancia psicotrópica. Lo que sigue es DOGMA DE FE.

PRIMER MANDAMIENTO
El Teatro Urgente es un teatro intenso. Sus obras tienen una duración en torno a la media hora.

SEGUNDO MANDAMIENTO
Las obras del Teatro Urgente se escriben en el plazo de una semana y se ensayan y se montan en las tres anteriores a su estreno.

TERCER MANDAMIENTO
Los temas y argumentos del Teatro Urgente provienen de la realidad que muestran los medios de comunicación, pero tiene la voluntad de transcenderla. El Teatro Urgente no es necesariamente un teatro realista o naturalista.

CUARTO MANDAMIENTO
El Teatro Urgente no cuenta anécdotas, sino historias concretas que apelan a temas generales.

QUINTO MANDAMIENTO
Los protagonistas del Teatro Urgente son seres corrientes, carentes de relevancia social. Si el teatro clásico griego tiene por protagonistas a dioses y héroes, el teatro urgente tiene al hombre común en su centro. Es un teatro que infunde vida a los protagonistas anónimos de las noticias.

SEXTO MANDAMIENTO
La obras del Teatro Urgente tienen habitualmente un único escenario.

SÉPTIMO MANDAMIENTO
En el Teatro Urgente lo importante son los personajes. No la escenografía ni el artificio.

OCTAVO MANDAMIENTO
En el Teatro Urgente, como en la tragedia griega, nunca hay más de tres actores en escena.

NOVENO MANDAMIENTO
El Teatro Urgente tiende a la interdisciplinalidad.

DÉCIMO MANDAMIENTO
El Teatro Urgente es un teatro político, no panfletario.

REVELACIÓN ADICIONAL PRIMERA
Las obras del Teatro Urgente se escriben expresamente para aquellos actores y actrices que las interpretan.

REVELACIÓN ADICIONAL SEGUNDA
El Teatro Urgente se escribe con “H” como expresión de búsqueda de lo soterrado, de lo que permanece silencioso, mudo. Como expresión del SILENCIO. La “H” también como irreverencia. A partir de aquí el Teatro Urgente será… TEATRO HURGENTE

2 comentarios en “—¿Qué diablos es el Teatro Hurgente?

  1. amon ra

    Gracias gus, me ha encantado leer cositas sobre tu persona y la mia.
    Gracias tambien por los piropos que me tocan respecto a las letras de Marcha Hormiga.

    Siempre vuestro…Amon Ra.

    Viva la música, mas amor y mola el teatro.

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