MANOS en maratón

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El lunes 3 de abril se hizo una lectura dramatizada de MANOS en la Casa Encendida dentro del IV Maratón de Monólogos que organiza la AAT. Lo interpretó Julio Escalada. Julio es un tío todoterreno dentro del mundillo teatral: actor, director, autor, docente. Me impresionó su trabajo. Sobre todo porque apenas tuvo dos horas para prepararlo.
MANOS no es un texto fácil. Tiene un ritmo muy marcado. Una cadencia a base de repeticiones. Julio [e] lo intuyó. Lo vio. Y lo expresó. De repente, era su monólogo. Sólo suyo. Un gran monólogo más allá del texto: yo ya no estaba. Y me gustó.JULIO ESCALADATranscribo el texto:(Un obrero con mono de trabajo)El obrero.-Lo peor que puede pasarle a una casa es que se vaya la luz. Deja de funcionar el frigorífico. Deja de funcionar el microondas. El lavavajillas. La lavadora. El aire acondicionado. Deja de funcionar la tele. El ordenador de los críos. El equipo de música. No sé si me explico. Lo peor que le puede pasar a una casa es que se vaya la luz. Lo peor que puede pasarle a cualquier sitio es que se vaya la luz. Lo peor. La mujer se queja. Los críos se quejan. Tú te quejas. Los vecinos se quejan. Todo el mundo se queja. No hay frigorífico. No hay microondas. No hay lavavajillas. No hay lavadora. Ni aire acondicionado. Ni tele. Ni ordenador. Ni equipo de música. Ni siquiera funciona el timbre de la puerta. Todo queda en suspenso. Todo se para. La vida se para. La vida como uno la conoce se para. Es como un paréntesis. Como un largo paréntesis sin palabras dentro. Como un paréntesis con el silencio dentro. No sé si me explico. Lo peor que puede pasarle a una casa es que se vaya la luz. Lo peor. Lo peor de lo peor. Revisas el automático. Revisas la general del edificio. Hablas con los vecinos. Discutes con los vecinos. Lo peor que puede pasarle a cualquier sitio es que se vaya la luz. No sé si me explico. Hay que llenar el silencio. No sé si me explico. Hay que llenar el paréntesis. Regañas a los críos. Discutes con la mujer. Le gritas a los críos. Le gritas a la mujer. Te gritan los críos. La mujer te grita. Tú gritas más. Porque no hay frigorífico. Porque no hay microondas. Porque no hay lavavajillas. Y la mujer grita más. Porque no hay lavadora. Ni aire acondicionado. Y los críos gritan más. Porque no hay tele. Ni ordenador. Ni equipo de música. Ni timbre. Y escuchas los gritos de los vecinos a través de las paredes. A través de la puerta. En sus casas. En el descansillo. En el portal. Y gritas más. Y la mujer grita más que tú. Y los críos gritan más que tú. Y los vecinos gritan más que tú. Y sudas. Y aprietas los dientes. Y cierras los puños. Y los abres. Y los vuelves a cerrar. Y los vuelves a abrir. Y sientes la sangre en la punta de los dedos. Y entonces golpeas. Golpeas con la mano abierta. Y todo enmudece. Los gritos de los críos. Los gritos de los vecinos. Los gritos de la mujer. Un paréntesis dentro del paréntesis. Un paréntesis de silencio dentro del silencio. Y entonces ves la sombra de tu mano en la mejilla de tu mujer. La sombra encarnada de tu mano. Todos los dedos. El índice. El corazón. El anular. La marca del anillo. El meñique. Todos los dedos. Todos menos el pulgar. Y quieres no tener dedos. No tener manos. No haber tenido nunca dedos. No haber tenido nunca manos. Lo deseas con todas tus fuerzas. Y cierras los ojos y entonces dejas de tener manos. Y permaneces con los ojos cerrados. Y entonces ves es el silencio. No sé si me explico. El silencio. Lo ves. No tienes dedos. Ni anillo. Ni manos. Sólo el silencio. Abres los ojos y la luz ha vuelto. Y funciona el frigorífico. Y el lavavajillas. Y la lavadora. Y el microondas. Y el aire acondicionado. Y la tele. Y el ordenador de los críos. Y el equipo de música. Y el timbre. Todo funciona. Todo funciona a la vez. Y ya no hay silencio. Y ya no hay silencio dentro del silencio. Y ya tu mujer ni siquiera llora. Y la vida vuelve a ser tal y como uno la conoce. Entonces miras tus dedos. Y miras tu anillo. Y miras las palmas de tus manos. Y miras tus manos. Y piensas que no te sientes orgulloso de ellas pero que es lo único que tienes. Lo único. No sé si me explico.

En la voz de Julio sonaba como una canción. Era una canción. Un tema de Lou Reed.

4 comentarios en “MANOS en maratón

  1. Gustavo Montes en la VI Maratón de Monólogos

    Actualización Al final no fue Fernando Tejero el que leyó MANOS, sino el también actor Julio Escalada (quien lo hizo muy bien, por cierto). Aquí se puede ver la crónica del acto relatada por el propio autor del texto….

  2. Julio Escalada

    Muchas gracias Gustavo por tu comentario elogioso.

    Efectivamente tu texto lo hice mío y eso pasa muy de vez en cuando.

    Me he leido En Negro. Me encantó.
    Sigue escribiendo así de bien.
    Un fuerte abrazo

  3. lola

    Hola Gustavo, soy Lola Balldrici, actriz, gran amiga de Julio, no fui a la maratón pero me lo imagino, siento su voz, leo tu texto. a ver si tenemos más oportunidades los actores de encontrarnos con monólogos lúcidos y sencillos como este, no se si me explico…

  4. Gustavo Montes

    Gracias, Julio. Gracias, Lola. Por vuestros comentarios. Los leo un poco tarde. Ya han pasado bastantes días. Ahora, el jueves próximo, 1 de junio, estrenamos En Negro en el Janagah. ¿Por qué no os venís? Abrazos.

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