Cuando los cerdos flotan sobre el Teatro Albéniz

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Leyendo la prensa, me acordé de un verso que escribí hace años, cuando eras más joven y tomaba sucios trenes que iban hacia el norte, como diría el amigo Sabina. Era algo así como …en aquella charca espesa donde, de niño, vi cerdos flotando. No recuerdo más. Pero no importa. Tampoco viene al caso. Hoy publica El Mundo algo nuevo sobre el Teatro Albéniz. La información, firmada por Isabel Longhi-Bracaglia, resulta inquietante. Básicamente viene a decir que la protección como edificio singular se hubiera podido mantener si el gobierno de Esperanza Aguirre no hubiera retirado el recurso de casación presentado por el anterior presidente, a la sazón Ruiz-Gallardón.

Esta decisión de Aguirre, tomada año y medio después de asumir el cargo pese a figurar la compra del Albéniz en su programa electoral, permitió que se archivara la causa y se hiciera firme la sentencia de descatalogación del teatro. Es decir, permitió que fuera vendido por sus propietarios a la inmobiliaria Monteverde. —¿Por qué hizo Aguirre esto contraviniendo su propio programa electoral? Los políticos, en campaña al menos, hablan del programa como de algo casi sagrado, un compromiso -dicen- con los ciudadanos. —¿Por qué lo hizo entonces? —¿Por qué tomó una decisión contra su propio programa, contra los intereses de los madrileños que dice defender hasta la saciedad en su pertinaz enfrentamiento con el gobierno central?

Uno no puede dejar de pensar en cosas oscuras. En charcas espesas. Negras. En intereses particulares de la propia presidenta, sobre todo teniendo en cuenta las acusaciones que Eva Aladro y Berta Delgado, promotoras de la Plataforma Salvemos el Albéniz, hicieron en su primer escrito: Por lo que hemos podido saber parece que la ley que desprotegió al teatro puede ser ilegal, sobre todo si se ha hecho para favorecer una operación inmobiliaria favoreciendo a ciertos constructores y al anterior propietario, íntimo amigo y compañero del marido de Esperanza Aguirre. (No sé si luego, Eva y Berta se desdijeron de esto para no politizar el tema. No he vuelto a leer en ningún sitio nada sobre esta acusación. Pero el tema tiene que ver con la política. Tiene que ver con una manera de gobernar. Es absurdo despolitizarlo. Ya es política).

A mi modesto entender, creo que Isabel Longhi-Bracaglia o cualquier otro compañero periodista en ejercicio debería ponerse a investigar en serio. No ya para salvar al Teatro Albéniz -algo de por sí importantísimo- sino para comprobar estos indicios de presunta corrupción política de la dirigente del PP, algo muchísimo más grave, aunque menos romántico. Creo que no es suficiente vivir de filtraciones procedentes de uno u otro bando del Partido Popular en esta guerra de pellizcos conventuales sobre territorio madrileño (en este caso parece que la fuente huele a Gallardón que tira para atrás).

Merecería la pena dedicar esfuerzo y profesionalidad a este asunto. Sobre todo, teniendo en cuenta que en la vivienda de Esperanza Aguirre, un palacete en una calle de mi barrio donde llevo a mi perra a hacer sus necesidades (joder, la limpian mucho más que la mía), están domiciliadas varias empresas inmobiliarias. Que alguien siga las miguitas de Pulgarcito. Me da en la nariz que llevan a esa fosa en la que, de niño, vi cadáveres de cerdos flotando.

5 comentarios en “Cuando los cerdos flotan sobre el Teatro Albéniz

  1. Beltrán Gambier

    Hola Gustavo,
    leí con mucho interés tu texto.
    Va el último que escribí sobre el tema:

    Así veo la situación del teatro Albéniz al día de hoy, 16 de julio de 2006

    El teatro continúa desprotegido y, por ende, expuesto al peligro de ser demolido. En el Pleno del Ayuntamiento de Madrid se prometieron medidas para protegerlo, pero todavía no llegan (PP, PSOE e Izquierda Unida coincidieron en este punto). En la Asamblea de la Comunidad de Madrid el PSOE intentó declararlo Bien de Interés Cultural pero el PP se opuso y con su mayoría dejó al noble proyecto en el catálogo de las intenciones.

    El verano distrae a los ciudadanos, adormece ciertas conciencias y los especuladores aprovechan.

    ¿Porqué?

    Aprovechan para avanzar en la escalada. Ya veremos cómo, de un momento a otro, habrán de presentar su proyecto arquitectónico que con tanto “cariño cultural” elaboran. Y eso será con el objeto de consolidar la situación jurídica en la que están. Esto puede complicar todavía más el panorama, en el marco de la inacción administrativa, a la hora de la expropiación o en la eventual (no es deseable que remota) negociación de compra. En la medida en que se progrese en lo que desean hacer la posición jurídica de la administración se complica. Saben lo que hacen. También tienen abogados, claro. Esto es un negocio. En aquella cálida tarde del Círculo de Bellas Artes bien se encargó el valiente vocero de recordar a los incautos que no trabaja para una o.n.g.. Después de todo lucrar es lícito y, además, no es pecado.

    Mientras esto ocurre, la Plataforma de Amigos del Albéniz recibió el día 7 de julio el premio “La Rosa de Madrid”, instituido por el PSM y el PSOE, en la persona de la infatigable portavoz del movimiento, Eva Aladro Vico. Lo entregó la propia María Teresa Fernández de la Vega. Este hecho marca la diferencia de este partido en materia cultural. Y para que no quedaran dudas Rafael Simancas dijo algo con todas las letras: compraremos el teatro si accedemos al gobierno.

    El Partido Popular, por su parte, calla en tanto puede una disputa interna que no termina de salir a la luz y no sabemos si es feroz. Pese al persistente empeño que hubo en tapar un hecho no menor, finalmente se conoció el impresentable motivo por el cual la Comunidad de Madrid de Madrid terminó desistiendo del recurso de casación que pudo haber revertido la sentencia desfavorable del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (acto procesal que casi no registra precedentes y que va en contra de una costumbre inveterada de esperar a la última palabra de la justicia). Frente a ello, al Alcalde Ruiz Gallardón no le quedó otro remedio que preguntarse públicamente porqué su compañera de partido habría ordenado el desistimiento del recurso. Y la respuesta está a la vista del que la quiera ver.

    Intentemos ver, entonces.

    La súbita acción de los dueños del teatro da alguna pista para empezar a pensar cómo se alimentan ciertos fervores. Unas horas antes de que tuviera lugar la exitosa manifestación a favor de la conservación del teatro convocada por la Plataforma de Amigos del Albéniz (la gran cobertura periodística exime de mencionar la gran cantidad de figuras de la cultura que estuvieron allí presentes), la inmobiliaria que hoy es dueña del Albéniz lanzó un comunicado con el deliberado propósito de dar la idea de que el tema del teatro estaba solucionado y que se respetaría el “uso teatro” del predio.

    Esta estratagema destinada a desinflar un intenso impulso cívico no tuvo éxito alguno, hay que decirlo, porque nadie tragó el anzuelo y todos los manifestantes se pronunciaron de manera contundente en contra la demolición. Pero el fracaso no los desanimó.

    La Unión de Actores –que participó intensamente de la movilización ayudando a la Plataforma a organizar el acto y tuvo su propia pancarta-, los trabajadores del teatro, y todos los presentes clamamos cientos de veces: no a la demolición. Dijimos todos juntos “a este teatro lo vamos a salvar”. Imborrable queda en la memoria de esta ciudad la imagen de Pedro Almodóvar leyendo junta a Eva Aladro el manifiesto preparado para la ocasión.

    Todo este movimiento cívico-cultural fue impulsado desde el inicio desde el blog de la Plataforma (teatroalbeniz.blogspot.co… que fue y es alimentado, hora a hora, por Berta Delgado, otra incansable activista de la causa –y cofundadora del movimiento-, y la propia Eva Aladro. Hoy son casi 6000 los adherentes a la causa en España. Pero los apoyos llegan también de distintas partes del mundo. Y esto solo pasa porque lo hecho en el Albéniz ha dejado mucha huella en los corazones. Y esta es la fortaleza que hará ganar la batalla.

    Los dueños del teatro, que cuentan -hay que reconocerlo a estar por los resultados- con un buen asesoramiento a la hora de comunicar, siguen trabajando en la captación de adherentes a su causa. Pareciera, a estar por alguna información salida en un medio local, que han tenido algunos éxitos en ese cometido. Ver para creer. Todavía no vimos.

    El proyecto que tienen aún no ha sido presentado pero, por declaraciones públicas, se sabe que el gobierno de la Comunidad de Madrid ya lo conoce. Es normal. La inmobiliaria lleva meses trabajando en esto y se conversa con las autoridades. Y la Presidenta de la Comunidad de Madrid, doña Esperanza Aguirre, confirmó expresamente en declaraciones públicas su inexplicable cambio de posición. No sabemos cuándo decidió deshonrar su palabra, dada en el punto 9 de su plataforma política, de que compraría el Albéniz para migrar hacia su desoladora posición actual que es la de que allí se mantenga un “uso teatro”. Esto supone la muerte del Albéniz. Y supone, además, algo más grave: toda la inversión que se hizo con dinero público durante 20 años se tira por la borda. Una inversión en cultura que se pierde.

    Una cosa más: comprar el teatro Albéniz está a la mano de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento. El problema no es que resulte caro (vemos como nadie esgrime este argumento). Es problema es otro, a ver si nos entendemos.

    En síntesis: el partido que gobierna España está a favor de conservar el teatro Albéniz tal como está hoy, el Partido Popular –en la escala municipal- también. Izquierda Unida –con gran fervor y protagonismo de Inés Sabanés desde el inicio– también. 6000 personas del mundo de la cultura, también. Y muchísimos más que todavía no se han manifestado, también.

    Esta semana que pasó apreciamos el autismo político de quienes presentaron la programación del teatro para la próxima temporada. Como si nada de todo lo dicho más arriba hubiera tenido lugar reafirmaron, impasibles, la idea de demolición. ¿Cuál será la venganza que depara el ignorar a los protagonistas de la vida cultural? No lo sabemos. Los políticos son ellos.

    Creo que ha llegado el momento de honrar el espíritu de la gran manifestación del 5 de junio de 2006 y seguir dando batalla para que el teatro Albéniz no sea demolido y su magnífica programación sea conservada.

    Beltrán Gambier

  2. Gustavo Montes

    Interesante también el tuyo, Beltrán. Creo que compartimos el que hay que insistir en el aspecto político del tema. Sin romanticismos culturetas ni zarandajas. Lo del Teatro Albéniz es pura política. Y a lo mejor algo más. No dejo de pensar en aquellos cerdos flotando en la charca de purines.

  3. Beltrán Gambier

    La prensa acompaña las nobles causas culturales, pero no siempre. El caso del Albéniz

    Sorprendidos quedamos cuando el 8 de julio de 2006 el diario El País soslayaba lo que había ocurrido el día anterior, pese a que se publicaba una larga nota sobre el tema.

    ¿Qué es lo que había ocurrido?

    El día 7 de julio de 2006 la Plataforma de Amigos del teatro Albéniz que fundamos Eva Aladro Vico, Berta Delgado y yo había recibido el premio La Rosa de Madrid, instituido por el Partido Socialista Obrero Español, de la mano de la Vicepresidente del Gobierno Español, María Teresa Fernández de la Vega.

    El premio tenía por objeto marcar la importancia de una lucha de miles de personas por la defensa de la cultura.

    El pasado miércoles 27 de septiembre convocamos a una conferencia de prensa en el Círculo de Bellas Artes que nos dio generoso cobijo para que diéramos cuenta de la situación actual. Anunciamos el plan de lucha para los próximos meses. La presencia de los medios fue importante. El País estuvo ausente pese a la convocatoria.

    Pero no sería justo si dejara de mencionar que el tema fue cubierto por el mencionado diario en diversas oportunidades. Recuerdo, por ejemplo, que el día que tenía lugar la gran marcha encabezada por Pedro Almodóvar, Natalia Dicenta, Lola León, Pilar Bardem, Marisa Paredes, Federico Luppi, Aitana Sánchez Gijón, José Antonio, Mario Gas, Rosa Regás y tantos otras primeras figuras y público en general, El País informó, con gran cobertura, que la inmobiliaria había desistido de la idea de hacer allí un centro comercial y tenía la idea de conservar y mejorar el Albéniz. Esto no impidió la gran marcha como alguno hubiera deseado. Sin embargo ya no mantienen tal idea y la demolición está claramente anunciada. Eso queríamos que supiera la gente en general y los lectores de El País. Ya lo saben, pero por otros medios.

    Seguiré leyendo ese diario, porque es uno de los mejores. No pierdo la esperanza de que El País cambie su política informativa sobre este tema.

    El blog dela Plataforma está en:
    teatroalbeniz.blogspot.co…

    Beltrán Gambier

  4. Beltrán Gambier

    El teatro Albéniz en la Asamblea de Madrid el pasado día jueves 5 de octubre de 2006

    Parece ser que Santiago Fisas consideró oportuno reiterar que el Albéniz ‘no es ni ha sido nunca una propiedad pública’ y recordar que la Comunidad de Madrid solamente lo gestiona.

    Ya lo sabíamos. No se entiende para que repite ese dato.

    Ahora bien, cuando aludió al tema crucial de la pregunta que en el Pleno le formuló el diputado José Antonio Díaz (si se iba a cumplir la promesa electoral de comprarlo) habría dicho, según trascendidos, que cuando se intentó comprarlo, los propietarios no quisieron venderlo.

    Demos este hecho por cierto (aunque no nos conste si es verdad). Pero veamos cómo sigue el razonamiento.

    Entre las razones que da Fisas para que se frustrara la venta surge una que resulta muy curiosa.

    Fisas habría dicho que no sus dueños no quisieron venderlo porque una sentencia judicial dejó sin efecto la protección urbanística sobre el teatro permitiendo la libre edificabilidad de la manzana.

    En otros términos: el dueño no vende porque quiere demoler para construir.

    Tampoco esa respuesta es una novedad. Solo que abre la puerta a la expropiación. Y aquí es donde está el grave error (en el que incurren el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid): decir que no se puede expropiar porque hacerlo sería incumplir la sentencia judicial.

    Justifico mi aserto: una restricción administrativa como la que se dejó sin efecto por la sentencia (la que protegía el edificio vinculado al uso teatro) no obsta a que la Administración haga uso del instituto expropiatorio. La razón para expropiar ya no es urbanística sino cultural.
    En otros términos, la normas urbanísticas dicen lo que se puede y no se puede hacer en función de pautas técnicas fundadas en distintos criterios (histórico, cultural, arquitectónico, etc.). Si un particular, como en este caso, no está de acuerdo con esa calificación puede ejercer su poder reaccional en el marco de un proceso contencioso administrativo. En este caso, la justicia hizo lugar al reclamo y dejó desprotegido el teatro. Pero esto no supone, en lo más mínimo, un óbice a la procedencia de la expropiación. Son instituciones distintas que se fundan en criterios distintos. En el primer caso, el Estado dice no puede demoler su edificio porque tiene valores arquitectónicos que nos interesa preservar. Y en el segundo (me refiero al instituto expropiatorio) el Estado dice: tomo la propiedad del edificio porque quiero preservarlo. Pero como la restricción cayó, lo compro. No hay violación de derechos porque se paga el valor de la propiedad. Lo único que podría cuestionar judicialmente el dueño es la existencia o no de utilidad pública. Y ese juicio, si lo inicia, es muy seguro que lo pierda.

    La sesión Asamblea culminó, según lo trascendidos, con una recomendación de Fisas a José Antonio Díaz. Le sugirió que no se junte con personas que se toman el Albéniz no como un teatro público, sino como un bien privado y quieren hacer de él su corralito personal.

    ¿A quiénes se referirá?

    No lo sabemos. Ya la explicará.

    Fdo. Beltrán Gambier
    bgambier@trc.es

  5. Beltrán Gambier

    No a la demolición del Albéniz !!!!!

    Lo que tiene de bueno esta cruzada para defender al teatro Albéniz de la demolición es el tiempo del que se dispone.
    Anoche (11 de octubre de 2006), en el estreno de Laurie Anderson, confirmamos, una vez más, la potencia que tiene el diario El País para informar.
    Muchos concurrentes, interesados por las cuestiones de la cultura, siguen preguntando: ¿pero cómo…no se había llegado a un acuerdo a finales del pasado verano? A renglón seguido recuerdan la nota firmada por Rosana Torres titulada “Unidos por el Albéniz. Sectores profesionales se agrupan para salvar este espacio escénico”.
    Explicamos, entonces, nuestro punto de vista.
    Nosotros no estamos en esa “unión”. En esa unión están quienes dan por demolida la sala y quieren ser protagonistas del “después”.
    Pero falta mucho para el “después”.
    Por una vez la lentitud de la obra pública es bienvenida. Porque si el Teatro del Canal estuviera listo, otra sería la historia.
    Sin la potencia de el diario El País y con unas octavillas con un mínimo básico de información y que conducen al blog de la Plataforma de Amigos del Albéniz, tratamos anoche de sumar unos cientos de adeptos a la causa. Una causa que cuenta con el apoyo de importantísimos sectores de la cultura.
    Nosotros no damos por terminada la batalla.
    Nos preocupa que el diario El País, tan prestigioso para tantos y tan proveedor de información cultural, mantenga el silencio sobre la Plataforma de Amigos del Albéniz.
    Yo sigo leyendo El País porque es un buen diario. Aunque esté enojado porque dejó de informar sobre la entrega del premio “La Rosa de Madrid” a la Plataforma, no lo dejaré de leer.
    Gracias a El País pude leer el otro día la magnífica nota de Benjamín Prado en la que a modo de imágen onírica se imaginaba ya a las grúas y a las topadoras avanzar.
    Ojalá no pase.
    Pero existen fuertes posibilidades de que eso ocurra.
    Si llegara ese día no dudamos en que la protesta y la indignación estará en el corazón de todos los que una o más veces sintieron emoción en ese teatro.
    Esperamos seguir contagiando a más gente sobre la necesidad de resistir.
    Nada raro anima a la Plataforma de Amigos del Albéniz.
    Estamos orgullosos de esta lucha cívico-cultural.
    No hay dobleces en nuestra actitud.
    Por eso somos inatacables.
    Y porque la causa es noble, no habremos de claudicar.
    Beltrán Gambier

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