Romper el silencio

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—¿Cuántas veces pensé en hacer lo que ha realizado la gente de Rompamos el Silencio al pasar por la calle Cedaceros y contemplar el esqueleto del Teatro-Cine Bogart? Romper la verja. Entrar en la sala. Sentarme en una de las butacas y contemplar la pantalla vacía. Solo en medio de la nada. En 1995 había casi 700 espacios de teatro en Madrid ciudad. Hoy existen sólo 216, pese a que en los últimos años se han ido abriendo algunos.

Dice Rosana Torres en El País que en las últimas décadas hubo que decir adiós a verdaderos templos de la escena como el Martín, el Fuencarral, el Cómico, el Goya, el Valle-Inclán, el Benavente, el Eslava, el Arniches, el Barceló, el Beatriz, el teatro Club, el Lavapiés o el Recoletos. Unos se convirtieron en restaurantes, otros en discotecas. La mayoría en nada. En silencio.

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De alguna manera, la respuesta del mundo de la cultura contra el derribo del Teatro Albéniz y la toma reciente del Teatro-Cine Bogart por parte del movimiento social Rompamos el Silencio, dentro de su campaña contra la especulación inmobiliaria y la precariedad laboral, ha hecho que suenen ecos de voces en aquellos escenarios hoy apolillados o fantasmales. Hoy, la nada es menos nada y el silencio menos silencio. No es mucho. Pero podría ser un comienzo.

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