La invasión de los niños mutantes

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Aparto la mirada del ordenador y siento deseos de gritar. Cierro los ojos e imagino sus caras inocentes. Apenas son proyectos de hombres y mujeres. Reconozco en mí esa sensación que nunca me ha gustado: una mezcla de miedo y pena. Estoy preocupado. Por dos cosas que, en cierta manera, son la misma. Mi blog ha sido invadido por niños y adolescentes que quieren dedicarse al showbiz y que me demandan y suplican consejos e inexistentes oportunidades para -exclusivamente- convertirse en famosos. Ando preocupado por lo del blog: yo no quería un blog-consultorio-elenafrancis. Pero ando aún más jodido al comprobar esta necesidad de los chicos y, sobre todo, las chicas por hacerse famosos. No por ser actor o actriz (un vicio como otro cualquiera), sino por ser famoso, por salir en la tele. Ni siquiera en series de ficción, —¡sino en anuncios publicitarios!

Sólo hay que echarle un vistazo a los comentarios que dejan en el post Casting para asaltar la tele para que a uno se le pongan los pelos de punta. —¿Qué mierda de mundo es este en el que los sueños de los chicos y chicas se reducen a esto? Hasta ahora he borrado de sus comentarios los e-mails y los teléfonos móviles (esto de internet tiene sus peligros y en la red parece que también acechan hombres del saco) y he intentado disuadirlos de que siguieran escribiendo. Primero con comentarios paternales del tipo hay que formarse y tal y después poniéndome seco y antipático. Pero, en ambos casos, sin llegar al fondo del asunto: no me atrevo a darle consejos a nadie para que elimine sus sueños por muy aberrantes que me parezcan. En el futuro creo que directamente los eliminaré. Los comentarios, digo. Supongo que no lo he hecho aún por una insana curiosidad sociológica que no puedo evitar. Sin embargo, debemos hacer algo para enfrentarnos a la invasión o todos terminaremos devorados por ellos, como en El pueblo de los malditos (fotos), como en —¿Quién puede matar a un niño?.

Janagah Teatro y la realidad iberoamericana

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JanagahT
Los que se ven en la foto formamos Janagah Teatro. Ahora andamos ampliando la familia. La compañía se fundó hace dos años en nuestra sala del madrileño Barrio de El Pilar, que lleva el mismo nombre, bajo las premisas de un loco proyecto que pronto dejó de serlo para convertirse en realidad: el “Teatro Hurgente”. Siguiendo ese espíritu de búsqueda, ahora desde Janagah Teatro nos acercamos a la realidad iberoamericana desde cuatro propuestas escénicas en las que colaboran actores, actrices, músicos y técnicos de ambos lados del Océano Atlántico. La muestra se realizará por encargo de una institución pública y el escenario será el idóneo para los fines que se persiguen. Una desesperada necesidad de comunicación -entre continentes, entre individuos- es el nexo en común de las cuatro propuestas que integran la muestra y que verá la luz en noviembre. A título personal es el segundo de los cinco desenlaces que esperaba que se materializaran positivamente. Todavía no renuncio al pleno. Hiperoptimista que me he levantado hoy.

Las granadas, las naranjas y los membrillos

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granadas
Como M4rt1n, ya ando de vuelta a la ciberrealidad. Pasé unas vacaciones que no son tales. Compartí la toalla playera con el modelo actancial, la semiótica y una fenomenología un tanto anárquica. Y sigo en ello casi desesperado ya, ansiando septiembre y las granadas, las naranjas y los membrillos que en vez de a granadas, a naranjas, a membrillos, comienza a olerme a desenlace. Hay varias historias que tengo abiertas por ahí que se cierran en otoño: la aceptación definitiva de una serie para asaltar la tele (o no), la organización de una muestra de teatro en Madrid (o no), el viaje al LANTISS de Quebec (parece definitivo), una subvención para un guión de cine que me produce buenas vibraciones (no sé muy bien por qué) y una oferta para incorporarme como profesor asociado de narrativa audiovisual en una universidad (o tampoco). Todo se decide en otoño. No me molesta la inquietud del desenlace. Lo que más me preocupa es esta incapacidad que voy teniendo para percibir el olor de las granadas, las naranjas y los membrillos.

Verano

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Esta tarde salgo de viaje: vaciones. Es un decir, puesto que estoy obligado a terminar de redactar el trabajo de investigación en el que ando metido sobre la convergencia del audiovisual y la escena. Apasionante. Pero pesado. Por dos cosas que juntas reultan paradójicas: la carencia de bibliografía específica sobre el tema en cuestión y la sobreabundancia de bibliografía general. Como diría un amigo dado a imitar el estilo literario en el habla: no me las prometo muy felices. Estaré en varios sitios. Alguno de ellos, Yebra -el pueblo de la familia de mi chica- no tiene siquiera acceso a internet, con lo que se me hará difícil escribir ningún post. Supongo que, posteriormente, en el mío –Alcalá de Guadaira– me resarciré si la obligación académica me lo permite. Luego, visita a un paraíso secreto, una semanita o así, y de nuevo de vuelta a Madrid a concluir el trabajo sin más dilación. Este es mi verano.