Rencor social, a mucha honra

Estándar

dos obreros
Parece que cuando comienzan a caer las hojas de los árboles es un buen momento para el teatro. Al menos para los festivales de teatro. En Madrid, el Festival de Otoño ha llenado de obras internacionales la cartelera teatral madrileña. De esas que uno o ve ahora o se despide para siempre. Lepage, Bieito… y otros grandes y menos grandes. Decenas de buenas obras, tantas como el manto de hojas del logo del propio festival. El Festival Madrid Sur, de la mano de José y Ángela Monleón, apuesta por un teatro comprometido y los escenarios de la periferia madrileña se han llenado de verdad. Una verdad otoñal. De hojas secas mojadas por la lluvia. El suave olor que desprenden las hojas teatrales no le ha gustado a todo el mundo.

Los empresarios privados de teatro se han quejado de tanta competencia subvencionada. Sobre todo porque en los medios no queda espacio para sus producciones. Rezan para que cuando termine el festival las aguas vuelvan a su curso. Es decir, para que sus espectáculos vuelvan a ocupar el espacio, ya de por sí escaso, que piensan que les corresponde en las páginas de periódicos y revistas. De natural odio el otoño, pero bajo esta perspectiva, es más llevadero. Al menos, de este modo los amigos empresarios saben cómo se sienten las salas pequeñas y las compañías modestas que compiten con ellos por el mismo espacio cuando hay y no hay festivales. Al menos, en otoño, todos somos hojas secas bajo la lluvia. Ya sé, ya sé… Mal de muchos consuelo de tontos. Y de pobres, qué hostias. Rencor social, dicen. Y a mucha honra. Qué nos queda si también nos quitan el rencor.