Pienso para gatos

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pienso para gatos
Fran me acaba de enviar su último libro, Pienso para gatos, publicado por SIGNATURA EDICIONES. Nos conocemos desde el colegio. Allí lo llamábamos Ruso por joder con su apellido: Francés. Al final, José Antonio Francés se quedó en Fran. Martín, Fran y yo teníamos una tertulia en La Centenaria en la que hablábamos de libros y proyectos (—¿Qué edad teníamos? —¿16, 17 años?). Allí preparamos Mundos Vírgenes (el título fue de Fran), una revistita de cuentos fotocopiada en la que yo no publiqué porque me desanimó una crítica certera de nuestro maestro, Antonio Medina de Haro. A veces venía a la tertulia algún otro amigo, como Javi El Labio (perdóname, Javi, que no recuerde tu apellido) o alguna chica linda a la que intentábamos impresionar. Recuerdo especialmente una a la que Martín escribió un poema sobre los piolines.

Fran fue el primero de nosotros que publicó en serio. Fue finalista del Premio Ateneo con su primera novela, El plan intrancendente. Luego vino Soy tonto y además lo sé (recientemente reeditado) de la que me arrepentí de una mala crítica que le hice, y hasta diez publicaciones. Para mí, Pienso para gatos es su mejor libro. Un libro de cuentos. Al leerlo uno tiene la sensación de meterse en un libro lleno de libros, en un espejo lleno de espejos que reflejan cada cuento y a cada cuento en otro cuento. Encontré a Borges y al otro Borges. Encontré a Fran y a los otros Fran, multiplicados en abismo. Es una delicia de libro, de esos que se disfrutan a cada palabra, de esos en los que la última frase, rotunda y cotidiana, te abre una nueva puerta, una ventanita para reinventar de nuevo la historia. Los personajes de mi amigo Ruso afirman que no quieren cambiar el mundo con una aceptación cotidiana, sin tristeza, y un subtexto autojustificativo, pero su sola existencia lo hacen un lugar más tierno y hermoso. Mi amigo Ruso es ya un gran escritor.