La invasión de las carioconcias

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Julio Cortázar
Todo comenzó en Los mandamientos de Asimov. Fueron cinco o seis carioconcias. Tardé en percatarme. Pero creo que llevaban allí instaladas cierto tiempo, disfrazadas de trackbacks. Cuando las descubrí, mi primer pensamiento fue deshacerme de ellas. Pero, no sé, me dieron pena. Las vi allí tan solas, tan vulnerables, como pequeños mejillones tigre luchando por no ser arrastrados por la corriente, que decidí no tomar ninguna decisión al respecto. Al menos, de momento. Unos días después, ya se habían reproducido hasta llegar a 34. Muchas se habína clonado a sí mismas. Otras, eran recién llegadas, que habían encontrado un buen lugar -supongo- para asentarse y, posteriormente, clonarse como las primeras.

Pensé en llamar a mi admirado amigo M4rt1n, experto si no en carioconcias si en organismos similares, y pedirle algún veneno con el que acabar con ellas. Descolgué el teléfono y marqué las primeras cifras de su número…Sentí que una de las carioconcias me miraba. De repente, me di cuenta que no era una. Eran varias. Muchas. Todas. Las 34 al mismo tiempo.

Me asusté y colgué. No sé lo que vi en aquella múltiple mirada. No sabría definirlo. Algo corpóreo, pero informe, quizás viscoso. Creo que -estoy seguro que no fue una alucinación- llegué a percibir un olor salado, una especie de olor a algas, a organismo marino. Decidí no hacer nada. Quizás las carioconcias se marchasen de la misma manera repentina en que habían llegado. Lejos de ello, al poco tiempo, un nuevo grupo formado por 177 carioconcias habían anidado justo al lado de los trackbacks, en la zona de los comentarios, y un pegajoso olor a mar, a sexo, lo había invadido todo. Tenía que hacer algo. De momento, la plaga -a estas alturas no podía calificarlo de otro modo- estaba localizada en Los mandamientos de Asimov. Todavía no se había extendido al resto de la página. —¿O sí? Revisé el resto de post. Primero, de forma aleatoria -al tuntún, quiero decir-. A medida que fui descubriendo nuevos nidos, una desesperada sensación de allanamiento, de vulnerabilidad, de vejación, de violación, me fue invadiendo.

Había una colonia de 327 carioconcias en los trackbacs de mi post favorito, El tesoro (gráfico) de la Viuda Negra, 130 carioconcias apelmazadas en Janagah en JanAmérica, 128 en Me cago en Dios, Lorca eran todos y, lo que más me llamó la atención por lo paradójico, dos colonias de 358 y 214 carioconcias habían invadido, respectivamente, los tracbacks y los comentarios de La invasión de los niños mutantes. Sin duda, era la hora de llamar a M4rt1n. Él sabría lo que hacer. Ya me había dado buena muestra de su capacidad al descubrir a los Trolls de La invasión de los niños mutantes. Sólo esperaba que no fuera demasiado tarde. Descolgué el teléfono por segunda vez y por segunda vez colgué sin haber realizado la llamada. Aquel intenso hedor a algas podridas… Aquel olor… No me molestaba. No sabía por qué, pero no me detuve a buscar la respuesta. Por segunda vez, decidí no hacer nada.

Las colonias de carioconcias crecen día a día en mi espacio. Suelo echarles una mirada de vez en cuando. No las toco, aunque a veces sienta curiosidad por sentir su roce en las yemas de mis dedos. Ya no me molestan. Me he acostumbrado al hedor. Simplemente las observo. A las carioconcias. En realidad, creo que no se llaman carioconcias. O puede que sí. A lo mejor las he rebautizado, por no sé qué insondables designios del destino, con un nombre que ya existía para ellas. Quizás Cortázar ya estaba pensando en ellas cuando se inventó el sustantivo en Rayuela. Lo que es seguro es que M4rt1n podría decirme el nombre técnico de mis carioconcias. Pero prefiero no acudir a él. Por si me advierte de un eventual peligro. Me gusta observarlas, ver cómo se reproducen, detectar una nueva incorporación, seguir su clonación y la clonación de su clonación. Simplemente, están ahí. Las carioconcias.

7 comentarios en “La invasión de las carioconcias

  1. Francés

    Ahora entiendo. Yo también las tengo en mi blog latente. Creo que es mejor no averiguar cómo llegan. La realidad suele ser más decepcionante que la literatura. Gracias por tus palabras y los recuerdos de infancia. La chica se llamaba Trini, y el apellido de Javier es Jiménez. Sigue siendo un tipo formidable, y es concejal del PP en el pueblo.
    Un abrazo

    Francés

  2. Gustavo Montes

    >La chica no se llamaba Trini, que de Trini me acuerdo. La de lospiolines era una chica con el pelo largo y muy blanca de piel. Empollona en el instituto. Martín, sácanos de dudas, -¿como se llamaba la de los piolines? Coño, lo mismo utilizaste el poema también con Trini…
    Respecto a Javi. Cierto. Jiménez. Ese es su apellido. Creo que sabía eso de que era concejal del PP. Una suerte para los de Rajoy. Una pena para algunos antiguos colegas. Qué le vamos a hacer. Hay gente pa to.

  3. Gustavo Montes

    El internauta habrá notado que ya no hay tantas carioconcias en el blog. Como me temía, M4rt1n me advirtió del eventual peligro: que google se dé cuenta que las carioconcias han colonizado el espacio y el blog deje de llegar a los eventuales internautas a través del buscador. -¿Qué sería de un blog si nadie lo lee? -¿O de un libro? -¿O de una obra de teatro, una película sin público?. Lo siento, queridas carioconcias (-¿o deberí­a llamaros por vuestro nombre real, spam?), M4rt1n me ha provisto de un eficaz matacarioconcias.

  4. Gustavo Montes

    Bienvenido, Truman, a este humilde espacio. Te veía y leía por donde de m4rt1n. Encantado de que te hayas pasado por aquí. Esta siempre será tu casa. Con o sin carioconcias. Un abrazo

  5. La de los piolines era La Blanca, o La Blanquita, simplemente. No tení­a otro nombre, o yo no se lo recuerdo. Siempre fue así­, aunque recuerdo que más que blanca tenía la piel translúcida, y que contrastaba vivamente con su melena lacia y negra.

  6. Gustavo Montes

    Cierto. Blanca. La melena no era del todo negra. Más bien castaña. El nombre -no era un apodo- le iba al pelo. Digo a la piel. La imagino con hijos, casada con uno del PP. Blanca, si lees esto, -¡desmiéntemelo, por favor! (Lo de uno del PP. Lo de los hijos, genial, pobrecitos)

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