El mundo de Albert Espinosa

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idaho y utah
Albert Espinosa es uno de esos autores que tienen su propio mundo. Un mundo que interpreta a su modo cualquier motivo, cualquier tema. Quizás el mismo motivo, el mismo tema. Un mundo en permanente construcción por un recalcitrante Peter Pan que se ha revelado contra el tiempo -qué diablos, hace retaquetebién: es su mundo-. Ayer, invitado por Mónica Ortega, estuve en el Centro Dramático Nacional viendo “Idaho y Utah”, una obra fresca y profunda a la vez, divertida, triste, emocionante, de un naturalismo casi hiriente en su aparente sencillez.
Albert dice en su web que “esta obra se centra, en tiempo real, en las últimas horas de Idaho, un chico que va a tomar el medicamento que le permitirá dejar de dormir. Creo, sin duda, que esta obra habla de nuestro futuro, de los cambios tecnológicos y médicos que cambian a la gente y sobre todo los sentimientos de las personas”. El mundo que cuenta Albert se construyó a los 14 años, cuando le cortaron una pierna. Albert interpreta a uno de los personajes de su obra. Su pierna amputada también está en la obra, cargada de simbología, cargada de presente en su ausencia. También estaba en “Los pelones”, creo que su primera obra, que fue llevada al cine por Antonio Mercero con el título de “Planta 4—ª”. Como fue adaptada también “Tu vida en 65 minutos”, dirigida por María Ripoll, otra obra de tierno peterpanismo. Me gusta el mundo de Albert Espinosa. Es un mundo inevitablemente duro, como el que hay fuera del escenario, al que uno debe enfrentarse cojeando, como Albert. Al fin y al cabo, de uno u otro modo, todos estamos incompletos.