De Goya a Goya y fragmentos de entonces

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antonio de la torre
alberto san juan
Hace ya demasiado tiempo. Un juvenil Antonio de 19 años -por aquel entonces aspiraba a ser el nuevo José María García, a quien imitaba constantemente sin venir a cuento- entró en el sótano que compartíamos Martín, José Luis y yo. Las paredes del salón, donde dormía José Luis, estaban forradas con fotos explícitas recortadas de las revistas pornográficas a las que nuestro compañero era adicto por aquella época. El ambiente húmedo y sombrío, los muebles viejos y destartalados y aquellas figuras en asombrosas posturas sexuales le daban a la estancia un aspecto sórdido y cuanto menos inquietante.
Antonio tuvo que pasar la noche durmiendo en la misma cama que Martín. Suele contar que no pegó ojo, aterrado por la sensación de que de un momento a otro aquellos tres alcalareños iban a saltar sobre él para abusar de su inocencia. Tiendo a imaginarlo envuelto en sudor, apretado a la almohada, llamándonos abrazafarolas y chupópteros -nunca mejor aplicado- con la voz de José María García.

Andábamos vagueando por la Plaza de Colón. Mónica, Mamen, Mariola, Nuria, Martín, José Luis y yo esperábamos a Alberto, que había quedado con un tal Coque, un amigo suyo que tenía un grupo de rock desconocido llamado Los Ronaldos que recién había firmado con una multinacional. Cuando llegaron a Martín se le ocurrió que fuésemos a comer a un chino, pero nadie tenía pelas. Éste sí, añadió Martín señalando al pobre José Luis, que vivía -y vivíamos- de un dinero que había ahorrado dedicándose a la venta ambulante. Me jodió tanto el morro de Martín que le propuse a José Luis y a Nuria que nos fugáramos justo en la puerta del restaurante. El resto se quedó a comer -creo que no se cortaron un pelo- confiando el fin de la broma a nuestro eventual regreso. No hubo tal y a la hora de afrontar la cuenta algunos se vieron obligados a quedarse en prenda ante la mirada inquisitiva de un camarero chino -y nadie puede siquiera imaginar cómo debe doler esto- mientras las chicas iban a casa en busca de sus cerditos. Tengo la impresión de que nunca nos perdonaron por aquello.

Antonio y Alberto siempre andaban juntos. Eran casi como siameses. Antonio, haciendo gala de su don natural para la imitación, a veces remedaba el caracterísitco modo de hablar de Alberto, marcado entonces por un sutil ceceo. Lo imitó con tanta perfección y tanto que terminó hablando como él, de modo que era casi imposible distinguir a uno del otro si no los tenías delante. Más que siameses parecían la misma persona. Por ello no me sorprendió cuando años más tarde ambos al mismo tiempo aparcaron el periodismo y se matricularon en una conocida escuela de teatro. Un día descubrí a Antonio en la tele, interpretando a Pelopincho en la serie Lleno por favor junto a Alfredo Landa, y a Alberto en las páginas de cultura de un periódico entre los integrantes de la compañía Ración de oreja que estrenaba la obra Animalario. Luego los seguí viendo en el cine y en el teatro. Los vi juntos en El fin de los sueños, la obra que escribió y dirigió Alberto en la que también participó Antonio, en el Alfil, cerca de mi casa. El fin de los sueños fue el principio de la realidad, del presente.

Era de noche. Martín, Antonio y yo caminábamos por mi calle. No recuerdo muy bien si veníamos o íbamos. Antonio andaba un tanto nervioso por su posible nominación a los Goya. No lo tenía muy claro, pese a que todo el mundo hablaba maravillas de su trabajo en Azuloscurocasinegro. Hacía unos días, en un comentario en el blog de Martín, yo mismo se lo había vaticinado. Es más -le dije aquella noche, absolutamente convencido de mis recién descubiertas dotes adivinatorias- no sólo te van a nominar, sino que lo vas a ganar. Antonio me sonrió. No sé, no sé, respondió mencionando después una lista de actores a los que él atribuía más posibilidades. Unos meses después, viendo la gala de los Goya por televisión, pude permitirme decir: Yo ya lo sabía. Antonio le dedicó el Goya a su familia y a Alberto San Juan, por haberle enseñado el camino.

Nuria y yo acabábamos de ver Bajo las estrellas en los Cines Princesa. Te has dado cuenta -le dije en plan pedante- que la película de Alberto y Azuloscurocasinegro cuentan cada una a su manera la misma historia. Nuria me pilló al vuelo. La historia de Alberto y de Antonio, respondió. La historia de dos hermanos, añadí. En ese momento supe que Alberto iba a cambiar la trompeta de su personaje por el busto de Goya. Incluso adiviné parte de su discurso en la ceremonia: …a Antonio de la Torre, con quien compartí el camino.

7 comentarios en “De Goya a Goya y fragmentos de entonces

  1. Jorge

    Una visión muy interesante de la carrera de estos dos artistas. Después de leer esto se aprecia más su trabajo y se les ve más humanos. Son actores, pero no dejan de ser personas normales y corrientes con sus miedos y con sus dudas.

  2. Gustavo Montes

    Encantado de tenerte por aquí­, Pintor de nada y fotógrafo de todo. Antonio y Alberto son dos grandes actores. Lo de humanizarlos es lo de menos (ya se humanizan solos), lo importante es que convierten a sus personajes en seres de carne y hueso humanos. Por otro lado, cerré los comentarios del post sobre los niños mutantes porque se llenaba de carioconcias y también cerre los comentarios de Asaltamos la tele, en este caso porque se llenaba de comentarios de niños mutantes, de trolls y de otros bichillos que encuentran acomodo en la red. Oye, me gustó el pesonaje de la tira que has comenzado a publicar. También Nihilia se animó con el cómic.

  3. Jorge (pintor de nada)

    Muy interesante la visión que das de estos artistas Gustavo. Antes que actores son personas, cosa que la gente olvida por completo.
    Me ha gustado mucho también el post del pueblo de los malditos, sólo que no te he podido comentar porque parece que algún gracioso te ha llenado la lista de comentarios de basura. Tienes toda la razón, es triste ver como los jovenes sólo se preocupan de ser famosos, sin importar el precio..pero vamos, que ya se darán de morros con la realidad.
    Nos vemos en clase, un saludo. Jorge.

  4. El Bulto

    Aunque leo por aquí de vez en cuando, hací­a mucho tiempo (-¿demasiado?) que no comentaba.
    Muy buenos actores y además de los que no mercadean en el templo (y no sólo porque no les haga falta).
    Antonio es frágil, lo dice su mirada.
    Alberto también, lo dice su nuez.
    No sería capaz de darles una mala noticia.
    Esto pienso yo.

  5. Gustavo Montes

    No sólo no mercadean en el templo, Bulto. “Se lo dedico a la disolución de esa cosa llamada Conferencia Episcopal”, dijo Alberto anoche. También se lo dedicó a Antonio por lo del camino. En cuanto acierte al euromillón (lo de Antonio y Alberto era fácil. Sólo había que asistir a sus respectivas interpretaciones), pondré un negocio de videncia. O de meteorología, que viene a ser lo mismo. Claro que para entonces tendré solucionados los problemas económicos.

  6. Gustavo Montes

    No sé qué ha pasado con ese comentario anterior del que hablas. Lo que sí te digo es que los comentarios no salen automáticamente. Tengo que darles el visto bueno. Así­ lo estableció M4rt1n para evitar que se colasen carioconcias.

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