La navaja de Olofé

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Matías Montes Huidobro es un gran dramaturgo cubano. Poeta, narrador y ensayista, ha recibido numerosos premios literarios tanto en Cuba, como en su exilio estadounidense donde es profesor emérito de la Universidad de Hawai. En España recibió el premio Café Gijón por su novela “Esa fuente de dolor”. La Casa Teatro Janagah (Plaza de Arteijo, 14. Madrid. T: 91 224 74 95) estrena el jueves 29 de mayo a las 22.00 horas su obra La navaja de Olofé. A los 77 años y con una larga y prestigiosa trayectoria teatral y ensayística, esta es la primera vez que una obra del autor cubano sube a los escenarios españoles.
El dramaturgo y narrador ha viajado desde Estados Unidos, donde reside, para acudir al estreno madrileño. Hace unas semanas le escribí un email solicitándole algunos datos para preparar la nota de prensa del estreno. En su correo de respuesta me decía: “Para mí el estreno en Madrid supone una satisfacción emocional a través del idioma que es lo que confirma nuestras señas de identidad creadora. Además, representa una oportunidad para descorrer la Cuba detrás del telón que llevamos todos los cubanos en nosotros más allá de la distancia y las dificultades”.

El montaje de La navaja de Olofé está a cargo del director y actor cubano afincado en España Mauricio Rentería> y de su compañía, Olofé Teatro. “Mauricio Rentería Llerena pertenece a una generación mucho más joven que la mía -me dice Montes Huidobro-, y esto indica que el vínculo de continuidad de los cubanos se reafirma, puesto que Mauricio es hijo de Lilliam Llerena y Pedro Rentería, excelentes actores cubanos, que además interpretaron mis obras en Cuba (Lilliam) y en Estados Unidos (Pedro). La casualidad de que ahora lo haga Mauricio, al que no conocía y que a su vez se encontró de forma imprevista con mis textos, es significativa dentro del teatro, y casi a niveles trascendente de relaciones imponderables”.

La navaja de Olofé recrea un crimen pasional en pleno festival santiaguero. Es una obra corta que le da título al espectáculo compuesto por dos obras cortas más, La soga, un monólogo sobre el suicidio cotidiano, y Los acosados, la historia de una pareja que centra su relación en la posesión de cosas. Junto a Mauricio Rentería interviene en el montaje, la actriz y percusionista Izaskun Cruz. “Las tres piezas, que a primera vista son diferentes, están unidas en su propia disonancia, en la propia alteración rítmica que hay detrás de ellas”, concluye Montes Huidobro su email. Sin duda, este jueves por la noche es una buena ocasión para encontrarse con un teatro casi desconocido en España.

Una carta de Alfonso Sastre y el vacío atroz

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vacio atroz
Recibí un correo electrónico de Eva Sastre, que se ocupa de lleno de la editorial Hiru desde que su madre falleció. El mensaje era breve, una indicación para informarme de que me adjuntaba una carta de su padre, el maestro Alfonso Sastre. Hiru publicó en el 2005 OFF familia’s (Trilogía de Teatro Hurgente), que Alfonso me había elogiado en un fugaz encuentro que tuvimos en Madrid. En su carta, tras unas palabras de índole exclusivamente editorial, el maestro decía que le gustaría haber visto una lucecita de esperanza en la imagen de la clase obrera que proyectaba en el texto que le había enviado, Algo sigue su curso. No sólo ese vacío atroz de los personajes, mezcla de nihilismo, insensibilidad, incultura y desesperanza, concluía.
Le escribí una carta de respuesta. Tenía muchas cosas que decirle sobre ese vacío atroz, ya no sólo de los personajes de Algo sigue su curso (por ahí andamos mi amigo Carlitos McKeihan y yo mismo cuando teníamos 16 años), sino de la mayoría de los personajes de mis textos. Quería llenar la carta de contenido del tipo: —¿Quién soy yo para infundir esperanza? —¿Quién soy yo para procurar la felicidad del espectador? —¿Quién soy yo para hacer sentir bien al espectador tras la función? —¿Acaso la felicidad mueve a la acción? Jódete, puto espectador, porque mis personajes están tan jodidos como tú y si no estás jodido, jódete porque hay gente jodida y, puesto que hay gente jodida hay personajes jodidos e historias jodidas. No busques catarsis, espectador, no busques acudir a una función y salir lleno de felicidad después de que se te encoja el estómago. No busques irte a tomar unas copas, follar y luego dormir como si no hubiera pasado nada… En fin, contenidos similares que llenasen una larga y apasionada carta. Sin embargo, ésta fue breve. Hacía poco que me había reencontrado con aquella otra carta, la que escribió un Kafka veinteañero que, saltando esa membrana osmótica que separa a los sujetos de la comunicación, abandonaba su función de escritor-emisor y asumía el papel de indefenso lector-receptor. Convertí la carta del joven Kafka en mi carta y repetí una por una sus palabras. La incluí en el post anterior, pero no me resisto a incluirla también en éste:

Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, —¿para qué lo leemos? —¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hicieran felices. Pero lo que debemos temer son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro.

Sólo añadí la siguiente y breve postdata:

Me hablas, maestro, de la aparición de alguna luz de esperanza. Precisamente, ando concluyendo una nueva obra que se titula La luz en la madriguera. Pero me temo que tiene más de pico de hielo que de luz.

Envié la carta vía correo electrónico, como la que había recibido. No sentía que aquel hubiese sido mi mejor día. Lo mismo el maestro tenía razón. Lo mismo el teatro necesita algún resquicio por donde penetre la luz. Esa luz de esperanza que nos haga más llevadero el vacío atroz, el hielo, el metacrilato, que dice mi amigo José Luis cuando habla de sí mismo. Cerré el gmail y me fui al blog. Había un único comentario en el post más reciente, Kafka y la erección. Era de Patrizia, codirectora -junto a Iván– de la compañía vasca Herr Doktor Flemming. Con ambos comparto una sincera admiración por Alfonso Sastre y su obra. Leí su comentario. Me recordaba otra cita de Kafka y concluía diciendo:

Todo(s) lo(s) imprescindible(s) en mi vida, se empeña(n) incansable(s) en abrir pequeñas grietas en el congelado mar que llevo dentro. Tú -tu teatro, sobre todo tu teatro- tal vez, e(re)s ya una de ellas.

Me conmoví. No sé. Tal vez, sólo tal vez, Kafka tenga razón.