Crónica inacabada del ETC

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ETC
Preliminar
Acaba de terminar el ETC Espacio Vacío. A veces las ficciones comienzan antes de que empiecen. Esas son las buenas historias. En la vida, que es otra forma de ficción, al menos en cuanto se cuenta, las historias acaban de pronto, sin darte cuenta, y a uno de le queda una sensación de pérdida, casi de derrota. Ha sido un mes de julio intenso. Para mí y, sobre todo, para ellos.
Uno
Círculo de Bellas Artes. Es la presentación de Visible. Sigo obsesionado con la tesis doctoral. Fuera llueve, pese a que estamos a finales de junio. El actor Miquel Insua y yo esperamos el ascensor. Tarda en bajar. Siempre lo hace. Llega Borja Ortiz de Gondra. Mientras esperamos nos habla del último laboratorio que va a llevar a cabo la Sala Cuarta Pared, dentro de ETC (Espacio Teatro Contemporáneo), del que él es asesor artístico. El proyecto dramatúrgico seleccionado se basa en la conjunción de lenguaje escénico y lenguaje audiovisual. Creo oírle decir a Borja que el director se presentó a la entrevista con una enorme maleta cargada de cámaras y proyectores de vídeo. El ascensor no llega. Subimos las escaleras. Descubro el porqué de la tardanza deliberada del ascensor. Es una invitación a subir las escaleras del Círculo. Había olvidado lo hermosas que eran.
Dos
Durante la actuación que inaugura el festival, me siento un tanto extraño. Le susurro a Raúl Alfonso, que está sentado a mi lado: Creo que, aparte de la madre del artista, soy el único hetero. Soy un gayfriend (o algo así), como dice mi amigo Pablo Peinado, el director del festival. Me divierto con la actuación: La copla desnuda, Ángel Ruiz, cantante, actor. Sin embargo, la tesis me persigue. Mientras Ángel Ruiz canta Lola Malasaña en el escenario, tengo la certeza de que acabo de encontrar lo que estaba buscando.
Tres
Abordo a Borja en el hall, pidiéndole disculpas a su interlocutor. Le cuento la posible vinculación de mi tesis con el laboratorio y mi intención de realizar una investigación sobre su desarrollo. Me mira raro. Me disculpo y le digo que se lo cuento detenidamente por email. Luego, en el Café Galdós, tomando unas cañas junto a otros compañeros, Borja no puede reprimir la curiosidad y me pregunta. Le adelanto algo. A la mañana siguiente le envío el email.
Cuatro
Borja me responde que debo ponerme en contacto con el director. Se llama Raúl del Águila y me envía su dirección de correo electrónico y su teléfono. En último extremo es él el que tiene que decidir si ese elemento extraño -el investigador- podría estar en el proceso. Llamo a Raúl del Águila.
Cinco
Nos encontramos en la terraza del Café San Millán, en La Latina. Me he documentado. Raúl ha presentado al ETC un proyecto dramatúrgico sobre Nosotros, hijos de la guerra, un texto de Eva Guillamón que surgió en un laboratorio anterior. Su propuesta es arriesgada, basada en la conjunción de lenguaje escénico y lenguaje audiovisual. Pero, —¿qué es si no riesgo un laboratorio escénico? Adopto el papel de investigador. Tengo un guión con una serie de preguntas para hacerle al director y un protocolo del que no me puedo apartar si quiero que el resultado de la investigación cumpla las pertinentes exigencias científicas. Lo interrogo y me responde. Es un torrente de entusiasmo y, además, tiene un proyecto muy bien estructurado. Como autor me identifico plenamente con lo que dice. Siento deseos de darle mi opinión. Le hablo brevemente de mi obra Caleidoscopio, pero enseguida me interrumpo. Hay que mantener al autor amordazado. No le toca a él, sino al investigador, al protocolo. Recurro al guión y sigo preguntando. Es difícil ser dos.
Seis
Julio. Primer día de laboratorio. Me presento a Elvira Sorolla, miembro de la Sala Cuarta Pared desde su fundación y ayudante de dirección de Javier García Yagüe, director de la sala y del ETC. Ella va a ser la ayudante de dirección de Raúl del Águila durante el desarrollo del laboratorio y dará cuenta de la sesiones en el blog. Le agradezco a Raúl del Águila su generosidad por permitirme realizar la investigación. Esto no es habitual en un director. Cualquier proceso creativo necesita de intimidad entre sus participantes. Borja Ortiz de Gondra me presenta desde el escenario. Creo que tanto él como García Yagüe son conscientes de la necesidad de que la práctica teatral se asocie a la universidad a través de la investigación. Borja me pide que le recuerde el título provisional de la tesis. Se lo digo desde la grada. Todos los participantes del laboratorio me miran raro desde el escenario. Pero yo, sobre todo, soy autor, quiero decirles. Me callo. El protocolo. Soy profesor de Narrativa Audiovisual y estoy realizando una tesis sobre el uso de la tecnología audiovisual en el teatro, me digo y enseguida vuelvo a ser el otro. Pienso en el maldito Goffman y su sociología dramática de los roles.
Siete
Durante todo el desarrollo del laboratorio cumplo escrupulosamente el protocolo de investigación. Me instalo cada día en la grada con mi cuaderno de campo y una linterna de espeólogo que me ha facilitado Dani Ruiz Boto, el técnico de iluminación y vídeo. No voy a la celebración del cumpleaños del director con los actores, a la que me invitan. No explico los motivos, pero no puedo convertirme en un miembro más del grupo. Hay que mantener la objetividad de la observación.
Ocho
En los descansos, los actores y actrices no dejan de hablarme de la energía que les aporto en su trabajo. Concepto extraño ese de energía para un investigador racionalista. Pero el otro, el autor, lo entiende perfectamente. En el hall del teatro me cruzo con Nerea Ocaranza, coordinadora del ETC. No habíamos hablado. En cinco minutos nos ponemos al corriente. Descubro que no soy el único que se ha reinventado varias veces.
Nueve
Sábado. La sesión abierta con la que culmina el laboratorio. Va a asistir público. Los participantes del laboratorio lo sienten como un estreno. El día anterior habían realizado una especie de ensayo general ante Javier García Yagüe. Noté a Raúl un tanto nervioso cuando explicaba lo que habían estado haciendo. Hoy llego pronto. Me acerco a Raúl y le susurro que puede sentirse satisfecho y orgulloso con el trabajo que han realizado. Cuando estés ante el público no tengas ninguna duda sobre eso, añado. Necesitaba decirlo más que él escucharlo. El autor no podía vivir eternamente amordazado. En fin, es el último día. No creo que el resultado de la investigación se vea gravemente dañado.
Diez
Dos días después. Ando en casa trabajando en la investigación. Me sorprende la sensación de haber estado dentro de la ficción, de haber caminado junto a Juan Carlos Torres y Guadalupe Marcote, sintiéndome en el centro de una mira telescópica; de haber acompañado a Susana Bartolomé en su desolación, mirando la imagen de su marido militar y presunto torturador en la pantalla; de haber preguntado a Aznar junto a Kike Celdrán por las armas de destrucción masiva; de haber torturado a Juan Carlos con el rap de Noel Armas; de haber esquivado las balas-metralletas dibujadas y animadas por Martín Aramburu, bajo los largos brazos de Gergori Ayarzagüena; de no ser ni el investigador ni el otro, sino de haber sido un hijo de la guerra surgiendo como una sombra de la pantalla, acercándome lentamente al centro del escenario, ofreciendo el torso desnudo, tatuado por proyecciones, a los espectadores.
Coda
La Cuarta Pared cumple en breve 25 años de existencia. Iniciativas como el ETC no hacen sino subrayar ese camino de exploración escénica que viene desarrollando con rigor desde hace un cuarto de siglo.