A trozos. Tragedia del hombre solo viaja en abril a La Habana

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Ya contamos las horas. Yo incluso los segundos. El próximo viernes 26 y sábado 27 de marzo realizamos sendos ensayos generales con público de A trozos. Tragedia del hombre solo antes de su viaje y estreno en La Habana (Cuba), donde permanecerá en la Sala Bertold Brecht durante todo el mes de abril. Los ensayos tendrán lugar a las 20.30 horas en el Espacio Simbiontes de Madrid (C/ Aguilón, 3. Metro Embajadores y Acacias) y es imprescindible invitación, que puede solicitarse -hasta completar aforo- aquí: teatrodelaintensidad(arroba)gmail.com. La historia es dura y la puesta en escena tenebrista. La sinopsis que hemos redactado da algunas claves de ambas: En un mundo sin aliento lo único que queda es espiar a tus vecinos. Cuando los has asesinado uno a uno sólo queda suplantarlos. Ser ellos, revivirlos en ese instante final para contar tu historia a través de las suyas con la intensidad del último momento. A TROZOS es una tragedia y una paradoja. Una tragedia sobre el hombre solo. Una paradoja sobre el hombre libre.
La acción tiene lugar en un edificio semiderruido, habitado por seres solos unidos en una atroz desolación: una CHICA RETRASADA que explota en medio de la plaza, ocupada por los espectadores; un SOLDADO que se enfrenta a un enemigo al que no ve, buscándolo en la platea con la luz de su linterna; un MUCHACHO paralítico empeñado en evitar que su madre acuda en busca de su padre desaparecido porque “fuera no hay nada”; un mutilado de guerra, MANCO, que prepara su última acción; un HOMBRE (que es uno y que es todos) enfrentado a sí mismo en su lucha contra el helicóptero que pretende rescatarlo.

El texto está interpretado por un único actor que encarna a un personaje que interpreta a otros cuatro personajes. Son historias de desolación, de incertidumbre, en un ambiguo contexto postbélico que son mostradas en carne viva al espectador a través de monólogos dramáticos equivalentes y fictodiálogos. Interpretada por Georbis Martínez y escrita y dirigida por servidor, A TROZOS propone sumergir al espectador en la ficción, convertirlo en personaje, en un único personaje, autor, actor y espectador al mismo tiempo.

Estas historias esconden una historia secreta, no desvelada hasta el final. Mostrada de modo elíptico y fragmentario, la historia secreta se convierte en la clave de una estructura formada por intensos acontecimientos dramáticos que extienden el escenario más allá de sus límites, convirtiendo la sala teatral en una plaza pública y a los espectadores en personajes de ese mundo (quizás el mundo) que declina.

Adèle Blanc-Sec entre líneas

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Adèle. Era ella. Como una Mary Poppins refinada y feminista, fumando un Gaulois en Chamberí. Subíamos Fuencarral camino de la Plaza de Olavide. Ismael tiraba de la mano de su madre deseando llegar al parque. Yo iba a mis cosas, ejerciendo de mala pareja y de peor padre. Le daba vueltas a varios asuntos a la vez: el viaje a Cuba para presentar mi obra A trozos y su eventual financiación a través de la AECI; la gestión aún infructuosa que acababa de realizar en el Instituto Cervantes para la presentación en su sede de Moscú de la traducción rusa de OFF familia’s; las Jornadas de Cómic de la UCM, donde en unos días iba a participar en una mesa de debate. Adèle Blanc-Sec se me apareció entonces, perfilada con el trazo grueso de la plumilla de Tardi. Era Adèle la que me hablaba desde su bocadillo: —¿Por qué no te tomas un café a ver si te relajas?.
La sonrisa de Nuria. Y su voz. Comprensiva. Indulgente. Vale -dije-. Ahora me encuentro con vosotros en el parque. En realidad miraba a Adèle. Señalaba el cartel que tenía a sus pies: Entrelíneas, café-libreria. A 15 metros. Seguí la flecha del cartel hacia la calle Gonzalo de Córdoba. En el número 3 me detuve y entré. A la izquierda, un mueble-escaparate con libros. Al fondo, mesas con algunos clientes y estanterías con más libros. A la derecha una pequeña barra y detrás un tipo de gafas redondas y aspecto de francés. Pedí un cortado y, mientras esperaba, me dispuse a liar un cigarrillo. Cuando levanté la vista, allí estaba de nuevo. Adèle. Como una sombra pegada al camarero. Le di un sorbo al café. —¿Hace mucho que habéis abierto?, dije. Hacía sólo unos meses. Únicamente vendían libros de editoriales independientes (narrativa y, sobre todo, poesía). También realizaban lecturas, performances poéticas, presentaciones de libros y exposiciones. Mi pareja también es poeta -añadió-. Marta Noviembre. El tipo de gafas redondas y aspecto de francés tenía un leve acento francés. —¿Eres francés?, le pregunté. Richard era francés.

La sombra de Adèle se desplazó hacia la pared. Richard siguió mi mirada, que siguió la de Adèle hasta un dibujo enmarcado en la pared: una página de cómic. Un original. Me lo regaló un amigo dibujante -explicó Richard-. Por una traducción que le hice para mover su trabajo en editoriales francesas. Adèle. Adèle Blan-Sec entre líneas. Nos pusimos a hablar de comics. Sin solución de continuidad. Largamente. De comics franceses. Paladeándolos. Hablamos de Enki Bilal, de Moebius, de Druillet, de Pilot y de Metal Hurlant, de Las Falanges del Orden Negro, del Incal y de los Metabarones… De Tardi y de Nestor Burma y de Le cri du peuble y de Adèle Blanc-Sec. Adéle. Adèle que esbozaba una sonrisa. Adèle que, extrañamente en ella, reía abiertamente cuando llegó mi hija Marta a buscarme. Había pasado mucho tiempo.

Salí de Entrelíneas con Marta y nos dirigimos al parque. Mi hijo jugaba con su madre en los columpios. Volví la vista y Adèle ya no estaba allí.

Maldito hosting (De vuelta con comics)

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Tras un par de meses, condenado al silencio por el mal funcionamiento del maldito hosting, ya estamos de vuelta. M4rt1n lo ha solucionado todo. Por lo visto no era complicado: cambiar de hosting y volver a subir el blog. Esto últiimo se ha demorado más porque M4rt1n se peleó con los de la ADSL. Pero ya está. De nuevo aquí. De nuevo en la web. De nuevo existimos. Uno tenía la sensación de haber dejado de ser, de haber desaparecido del mundo. Sobre todo en estos días de debate.
Se ha suscitado cierta polémica en la web en torno a las Jornadas de Cómic de la Universidad Complutense, organizadas por Andrés Oliva y Daniel de Partearroyo con el apoyo del CAP I de Ciencias de la Información. No me voy a extender mucho porque el desarrollo de las jornadas y de la polémica se puede seguir en el blog de Santiago García (enlace), guionista y teórico del cómic (La Tempestad, El vecino, La novela gráfica), donde realiza las crónicas de diversas ponencias y enlaza a los vídeos de las mismas. Participé en una mesa que llevaba por título Divulgar cómic junto a Alberto—´Tío Berni García, Christian Osuna y Óscar Palmer y moderada por Pedro Toro. (La foto que ilustra el post es del blog de Santiago García.)

Se nos fue por derroteros algo manidos y quizás no supimos profundizar en lo importante, como oportunamente señala Santiago (enlace). Pero, en fin, para mí fue un placer hablar de cómic y, sobre todo, escuchar hablar de cómic a mis compañeros de mesa. Debo confesar que, al principio, me sentía algo extraño, como fuera de lugar. No soy editor, como Óscar y Christian, ni exactamente divulgador, como Alberto. Es cierto que dibujé comics hasta los 20 y que sólo unos años antes mi sueño era ser superhéroe, posiblemente como la mitad del auditorio. Pero no estaba en la mesa por eso. Andaba por allí porque creo que (y esto es lo triste), en todo Madrid, soy el único profesor universitario de una asignatura dedicada al cómic: Historia y Teoría de las Narraciones Gráficas. Estaba allí por lo raro, supongo. Enseguida me sentí dentro. Los mismos códigos, la pasión común, el intento de abordar el cómic con el respeto y el rigor que se merece. Da gusto sentir esto. Da gusto compartir esto. Uno se siente menos solo.

De vuelta. Volvemos a existir. Gracias a M4rt1n, mi dios.