La Habana a trozos

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Me encuentro en La Plaza del 2 de Mayo. En Madrid. Observo la plaza a través de una de las ventanas del Café Pepe Botella. Doy pequeños sorbos del cortado que me acaba de traer Odalis. Aquí dejé La Habana hace dos años y medio. La Habana de Chamaco, la obra de Abel González Melo. La Habana del referente, del peso del referente. Hoy tengo mi propia Habana. Acabo de regresar de allá. Mi Habana huele a gasolina quemada y a perfume barato y sabe a frutabomba y guayaba.

Ando en una terracita alta que tiene el Bertolt Brecht, fotografiando los numerosos autos de los años cincuenta que pasan por Línea. Aquí los conocen como máquinas y son taxis colectivos que realizan un recorrido fijo. Diez pesos nacionales. Espero a Roberto, productor y técnico del teatro, para preparar el escenario. Georbis también está a punto de llegar. Y Robertico, un gran diseñador que nos ejerce de técnico de sonido. Se me acaba de terminar el paquete de Hollywood. Enciendo el último pitillo mientras pulso el disparador de la cámara. Roberto me saluda con la mano en la pantalla de la cámara.

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