Chile: teatro, memoria histórica y curanto

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ADEteatro 141
Chile. Hace veinte años que me vinculé con el país andino a través de la narración que Juan y Déborah, una pareja de exiliados con los que compartí curantos, huesillos y once durante casi diez años. Mi conocimiento de Chile fue un conocimiento narrado, contado, compartido, que se sustentó en la experiencia personal de mis amigos. Con ellos planeé viajes a Santiago, excursiones a Isla Negra y a Tierra del Fuego, donde íbamos a cocinar un curanto entre las piedras, que nunca se llevaron a cabo. Finalmente, retornaron, cada uno por su lado. Pero Chile, aquel Chile contado, permaneció, extrañamente, como una experiencia vivida, propia, mía. Hace unas semanas Chile regresó inesperadamente. El maesto José Luis García Barrientos, director del grupo de investigación Análisis de la Dramaturgia Actual en Español (ADAE), vinculado al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), me encargó un largo artículo sobre un autor chileno actual para un libro colectivo. Aunque el plazo de entrega es amplio, he comenzado a documentarme (luego temo que entregaré el artículo a última hora, como el de Lluͯsa Cunillé que ya realicé, que ya me voy conociendo). Esta mañana he estado en la sede de la Asociación de Directores de Escena (ADE) y he conseguido el número 141 de la revista ADE Teatro, que dedica unas páginas al teatro chileno.

En realidad, se trata de una larga crónica que su director, Juan Antonio Hormigón, ha realizado tras su viaje a Chile para participar en el Máster de Dirección Escénica de la Universidad de Chile. La he devorado esta mañana con un café con leche en el Café El Rincón de Malasaña. Hormigón ha escrito la crónica que yo tenía pendiente en ese viaje con mis amigos que no se llegó a realizar. El maestro comienza su artículo realizando una síntesis de la realidad histórica del Chile actual, pasando por la dictadura pinochetista, para luego adentrarse en la situación del teatro chileno, su estancia en la universidad, su visita a Isla Negra, sede de la Fundación Neruda, y diversos museos públicos dedicados a la memoria de las víctimas de la dictadura. Destaca Hormigón la diferencia en el recuerdo y la reivindicación de las víctimas en Chile y el olvido en nuestro país. Comparando, uno siente más fuerte y dolorosa la injusticia de nuestra transición. Tenemos mucho que aprender de Chile sobre esto. Pero también sobre nuestra situación actual de desmantalemaiento de lo público, de neoliberalismo de rapiña. En Chile lo realizó la dictadura política, en España lo está llevando a cabo la dictadura financiera. Cita Hormigón unas palabras del actor y director chileno Nissim Sharim: Hasta qué punto el holocausto pinochetista ha pasado a formar parte de nuestra vida ética, de nuestra cultura ética. Una de las proyecciones más palpables en la sociedad actual son las relaciones de enajenación laboral, política y económica. El modelo neo-liberal que efectivamente fue impuesto por el régimen de Pinochet ha blanqueado y legitimado todos los excesos éticos y de expoliación empresarial frente a los trabajadores; denominación -la de trabajadores- que ha desaparecido del cuadro social y político. El holocausto franquista también lo ha conseguido en España. Y ahora el nuevo-viejo modelo económico se nos impone por la fuerza como indiscutible.

Aparece enorme Hormigón, que integra en su crónica de manera magistral teatro, memoria, cultura y política. Cuando se quiere liquidar un país -cita de nuevo Hormigón a Sharim-, lo primero que se hace es quitarle su memoria. Convertirlo en un país de murmullos. Con ello, muere su historia y su cultura. Después, alguien puede intentar escribir otros libros, representar otras narraciones, fabircar otra cultura, inventar otra historia. Uno vuelve la mirada hacia Chile y ve un reverso siniestro, el de la España actual, demacrada, envejecida. Esperemos que no impotente. Regreso al sabor del curanto que cocinó Juan en la navidad de 1988 en aquella pequeña buhardilla: choclo, choros, garbanzos, papas y repollo… Con él llega el reencuentro con Chile y el redescubrimiento de su teatro. Voy a disfrutar con este artículo para ADAE. Quién sabe, lo mismo me planto en Santiago a visitar a Juan y a Déborah (a cada uno por su lado) y comienzo esa crónica aún por escribir.

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