—¿Qué es eso de la videoescena?

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Mesa videoescenesitasblog CDN-julio 2014
Pero es que no entiendo qué es eso de la videoescena, nos espetó uno de los asistentes tras una hora de charla (casualmente sobre videoescena). Podía no haberme extrañado tanto si el público presente no hubiera estado formado por profesionales de las artes escénicas, mayoritariamente escenógrafos. Habíamos definido el término, habíamos establecido su origen y habíamos explicado sus características y procedimientos. En fin, posiblemente fue responsabilidad mía por no haberme extendido en la contextualización.
Allí estábamos, en la sala Nieva del Teatro Valle-Inclán, intentando hacernos entender en el debate (interesante, por otra parte, puesto que es lo que fomenta la creatividad). Álvaro Luna me invitó hace unas semanas a moderar una mesa sobre videoescena que iba a tener lugar dentro de las Jornadas de Escenografía y Plástica Teatral organizadas por el Centro Dramático Nacional. La mesa estuvo compuesta por ocho profesionales de las artes escénicas. Los videoescenistas Alfredo Cañas, Vicente Fontecha, Álvaro Luna, Alfonso Pazos, Bruno Praena ,Felipe Ramos y Emilio Valenzuela, y el maestro de la luz, Juan Gómez Cornejo, presidente de la Asociación de Autores de Iluminación.

Además de debatir sobre esta nueva disciplina de las artes escénicas, la mesa sirvió para presentar la sección de Videoescena de la asociación. Como disponíamos sólo de una hora, articulamos la mesa centrándonos únicamente en tres temas: El concepto de videoescena, el proceso creativo del videoescenista y aspectos de la profesión vinculados a la tecnología. Tras una presentación de Álvaro Luna, que leyó una parte del discurso que pronució Robert Lepage un Día del Teatro (aquello fantástico de la hoguera, el chamán y su sombra proyectada como imagen), comencé diciendo: Es innegable que desde hace ya bastantes años la cartelera teatral está llena de propuestas escénicas que incluyen la proyección audiovisual en sus puestas en escena, dando por su puesto que todo el mundo sabía de qué hablábamos, puesto que no es algo nuevo. En la segunda década después de la aparición del cinematógrafo los directores teatrales introdujeron la imagen audiovisual en sus obras. Es el caso de Meyerhold o Piscator. A partir de la aparición del magnetosopio en los años 50 y 60 la utilización de la proyección es algo frecuente. Primero a partir de performances y luego en puestas en escenas teatrales y en la ópera. A finales de los 70, en los 80, ya en el siglo XXI, podemos destacar las producciones de gran formato de Bob Wilson, Robert Lepage y de La Fura dels Baus, entre otras muchas. Pero no sólo se utiliza el audiovisual en grandes producciones, también en obras de pequeño y medio formato la utilización de la proyección audiovisual es habitual. Un fenómeno que se produce gracias a la universalización de la tecnología audiovisual y al abaratamiento de los costes de la misma.

Los espectadores están habituados a la presencia del audiovisual en el teatro. Pero no al concepto de videoescena. Es obvio: Pero es que no entiendo qué es eso de la videoescena. Otro de los asistentes (se presentó como escenógrafa) vinculó la proyección audiovisual a la escenografía. Noté (quizás me equivoque) cierta inquietud por el nacimiento de un nuevo término que identifica una actividad (al fin y al cabo, algo que no se puede nombrar no exsite). Sin embargo, la videoescena transciende la escenografía o la iluminación, aunque, como cualquier elemento escénico, sólo se entiende en relación con ellos.

Hay que dejar claro que la representación videoescénica -los contenidos proyectados en interrelación con la acción escénica- sólo tiene sentido, sólo tiene existencia, en la escenificación. Es entonces cuando presencia y huella, como dice André Bazin en un conocido artículo, se dan la mano, coexisten en el escenario. Y el actor de carne y hueso (en la escenografía y con la iluminación), se confronta con su imagen proyectada. Ese proceso de actualización constante que es la representación teatral se nutre entonces de la escritura que es el audiovisual, como definió Barthes al cine. Es decir, el presente escénico se relaciona con ese presente ilusorio, que en realidad es pasado, de la imagen (puesto que ésta se ha construido en otro tiempo y otro lugar al de la escenificación). Podemos asistir, por tanto, a un diálogo entre un personaje encarnado por un actor en el escenario y otro personaje encarnado por otro actor en la pantalla. O quizás ambos encarnados por el mismo actor, en tiempos y lugares distintos. Esto nos lleva a afirmar que la representación videoescénica es más que mero recurso escenográfico o mera iluminación, puesto que vincula presencia y huella, presente y pasado. En definitiva, establece en un único producto esos dos modos de representación, hasta ahora irreconciliables, a los que aludía Aristóteles, el dramático y el narrativo (en este caso de enunciación audiovisual).

Todo esto hace que los participantes de la escenificación (director, actores, escenógrafos, iluminadores…) se enfrenten a nuevos procesos constructivos, a nuevas fases, a nuevos procedimientos, y puede que también a una nueva profesión, la de videoescenista, algo que, como tuvimos ocasión de comprobar tras el debate posterior al desarrollo de mesa, aún no es comprendido. Pero, en fin, poco falta para que lo sea. El debate siempre es creativo y desvelador. Y el trabajo de Alfredo, Vicente, Álvaro, Alfonso, Bruno, Felipe y Emilio (o de mis compañeros de Simbiontes) una constatación de contundente, expresiva y bella realidad. Sin duda, la creación de la sección de Videoescena en la Asociación de Autores de Iluminación contribuirá a ello de modo significativo.

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