Periodismo

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Esta semana he comenzado a impartir clases de Periodismo en la universidad. Allí, en el aula, rodeado de aspirantes a periodistas, he vuelto a reencontrarme con mi vieja profesión. En algún que otro momento he creído atisbar la cara de aquel Gustavo Montes de entonces (intelectualmente el mismo -evolucioné poco-, sin canas y con algunos kilos menos -quizás algo más que algunos-), recién lllegado a la facultad con aspiraciones de escritor más que de periodista, perdido, pero simulando seguridad y entereza. Veo también a Martín, ahora en México como ejecutivo de una empresa de programación informática; a Alberto y a Antonio, ahora actores consagrados; a Pili, Lorena y Nuria, que siguen en la profesión… A otros, de los que ya no recuerdo el nombre, pero sí sus caras, las de entonces. No me voy a poner nostálgico. La vida es una película y, como tal, sólo existe el presente como un fluir constante de tiempo. Ese presente dinámico que hace del pasado una mirada hacia atrás y del futuro una mirada hacia adelante que aparece siempre en presente. En fin, viva la contradicción: la analepsis se impone. Qué diablos: viva la nostalgia. Qué poco cambian las cosas.

Cuento para niños

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Voy en metro (regreso tras visitar el Campus de Vicálvaro de la URJC, donde este curso voy a impartir clases).

Acabo de recordar. Verano. Casa de mi abuelo, donde ensayábamos con el grupo de música. Me veo escribiendo con una brocha empapada de pintura roja en la pared del corral, bajo las escaleras de la azotea: Conte pour enfants. Dejo la frase a medio terminar. Hago fotos.

Hace unos días hicimos estallar un televisor viejo bajo la misma pared en la que escribo sólo por divertirnos. Resuena el estruendo en mis oídos.

A mi abuelo casi le da un ataque.

Con la misma cámara de fotos barata tomo imágenes de Jose en el cuarto de baño abandonado. Le he hecho quitarse la camiseta y lo he metido en la bañera. Con la misma pintura roja le dibujo líneas de sangre en el brazo y dejo una jeringuilla en el suelo, bajo la bañera (quizás no era una jeringuilla, sino cuchillas de afeitar de mi abuelo). Tomo varias imágenes desde distintos ángulos. En la cámara tengo un carrete de diapositivas que, aunque aún no lo sé, nunca llegaré a positivar.

Tenemos 15 ó 16 años y un grupo de música que se llama Ropa Interior.

Esto que estoy haciendo es mi primer intento de espectáculo. Pensaba proyectar las diapositivas mientras leía un texto en francés del que no recuerdo nada. Quizás Jose, McKeihan y Pinto, mis compañeros de grupo, acompañaran la performance con música psicodélica.

Ahora que lo pienso: no tenía proyector.

Ahora que lo pienso: Entonces tampoco importaba.

Voy en metro. Regreso.