Cuento para niños

Estándar

Voy en metro (regreso tras visitar el Campus de Vicálvaro de la URJC, donde este curso voy a impartir clases).

Acabo de recordar. Verano. Casa de mi abuelo, donde ensayábamos con el grupo de música. Me veo escribiendo con una brocha empapada de pintura roja en la pared del corral, bajo las escaleras de la azotea: Conte pour enfants. Dejo la frase a medio terminar. Hago fotos.

Hace unos días hicimos estallar un televisor viejo bajo la misma pared en la que escribo sólo por divertirnos. Resuena el estruendo en mis oídos.

A mi abuelo casi le da un ataque.

Con la misma cámara de fotos barata tomo imágenes de Jose en el cuarto de baño abandonado. Le he hecho quitarse la camiseta y lo he metido en la bañera. Con la misma pintura roja le dibujo líneas de sangre en el brazo y dejo una jeringuilla en el suelo, bajo la bañera (quizás no era una jeringuilla, sino cuchillas de afeitar de mi abuelo). Tomo varias imágenes desde distintos ángulos. En la cámara tengo un carrete de diapositivas que, aunque aún no lo sé, nunca llegaré a positivar.

Tenemos 15 ó 16 años y un grupo de música que se llama Ropa Interior.

Esto que estoy haciendo es mi primer intento de espectáculo. Pensaba proyectar las diapositivas mientras leía un texto en francés del que no recuerdo nada. Quizás Jose, McKeihan y Pinto, mis compañeros de grupo, acompañaran la performance con música psicodélica.

Ahora que lo pienso: no tenía proyector.

Ahora que lo pienso: Entonces tampoco importaba.

Voy en metro. Regreso.

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