Periodismo

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Esta semana he comenzado a impartir clases de Periodismo en la universidad. Allí, en el aula, rodeado de aspirantes a periodistas, he vuelto a reencontrarme con mi vieja profesión. En algún que otro momento he creído atisbar la cara de aquel Gustavo Montes de entonces (intelectualmente el mismo -evolucioné poco-, sin canas y con algunos kilos menos -quizás algo más que algunos-), recién lllegado a la facultad con aspiraciones de escritor más que de periodista, perdido, pero simulando seguridad y entereza. Veo también a Martín, ahora en México como ejecutivo de una empresa de programación informática; a Alberto y a Antonio, ahora actores consagrados; a Pili, Lorena y Nuria, que siguen en la profesión… A otros, de los que ya no recuerdo el nombre, pero sí sus caras, las de entonces. No me voy a poner nostálgico. La vida es una película y, como tal, sólo existe el presente como un fluir constante de tiempo. Ese presente dinámico que hace del pasado una mirada hacia atrás y del futuro una mirada hacia adelante que aparece siempre en presente. En fin, viva la contradicción: la analepsis se impone. Qué diablos: viva la nostalgia. Qué poco cambian las cosas.

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