Metro

Estándar

Ando leyendo a Piglia en el metro durante el trayecto a la Universidad. Ayer estaba tan enfrascado en la lectura que me pasé dos estaciones. Hoy me dejé atrás una y, a la vuelta, me la volví a dejar.

Ando ahora en el andén, esperando la llegada del convoy. He dejado de leer un rato. Temo no poder avanzar ni retroceder, permanecer indefinidamente en este ir y venir de estación en estación, atrapado aquí abajo para el resto de mis días.

Si esto fuera un -mal- cuento diría: Tengo la imprecisa sensación de estar dentro de un sueño.

Oigo la llegada del metro. Esto no es un sueño. Ni un cuento. Entonces, —¿por qué me siento como si fuera uno de esos personajes de Piglia o del mismísimo Borges?

Subo al metro. No sé si podré salir de aquí.

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