La utilidad de un blog

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Beowulf2013Promo
Conocí a Santiago García en unas jornadas sobre cómic que organizó la Universidad Complutense donde participé en una mesa de debate. No sólo es uno de los mejores guionistas de cómic españoles (La tempestad, El vecino…), sino también un gran teórico. La prueba su ensayo La novela gráfica (una obra descomunal e imprescindible) y su blog Mandorla, donde día a día, post a post, reflexiona sobre la narración gráfica. A través del blog me entero de un antiguo proyecto que va a resucitar junto al dibujante David Rubín (el gran autor de El héroe): Beowulf. Rubín leyó varios post sobre la obra inacabada en el blog (éstos: 1, 2 y 3) y se puso en contacto con Santiago proponiéndole ocuparse del dibujo. Santiago da cuenta de ello en este otro post: enlace. Estoy deseando leerlo.

Maldito hosting (De vuelta con comics)

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jornadas ucm
Tras un par de meses, condenado al silencio por el mal funcionamiento del maldito hosting, ya estamos de vuelta. M4rt1n lo ha solucionado todo. Por lo visto no era complicado: cambiar de hosting y volver a subir el blog. Esto últiimo se ha demorado más porque M4rt1n se peleó con los de la ADSL. Pero ya está. De nuevo aquí. De nuevo en la web. De nuevo existimos. Uno tenía la sensación de haber dejado de ser, de haber desaparecido del mundo. Sobre todo en estos días de debate.
Se ha suscitado cierta polémica en la web en torno a las Jornadas de Cómic de la Universidad Complutense, organizadas por Andrés Oliva y Daniel de Partearroyo con el apoyo del CAP I de Ciencias de la Información. No me voy a extender mucho porque el desarrollo de las jornadas y de la polémica se puede seguir en el blog de Santiago García (enlace), guionista y teórico del cómic (La Tempestad, El vecino, La novela gráfica), donde realiza las crónicas de diversas ponencias y enlaza a los vídeos de las mismas. Participé en una mesa que llevaba por título Divulgar cómic junto a Alberto—´Tío Berni García, Christian Osuna y Óscar Palmer y moderada por Pedro Toro. (La foto que ilustra el post es del blog de Santiago García.)

Se nos fue por derroteros algo manidos y quizás no supimos profundizar en lo importante, como oportunamente señala Santiago (enlace). Pero, en fin, para mí fue un placer hablar de cómic y, sobre todo, escuchar hablar de cómic a mis compañeros de mesa. Debo confesar que, al principio, me sentía algo extraño, como fuera de lugar. No soy editor, como Óscar y Christian, ni exactamente divulgador, como Alberto. Es cierto que dibujé comics hasta los 20 y que sólo unos años antes mi sueño era ser superhéroe, posiblemente como la mitad del auditorio. Pero no estaba en la mesa por eso. Andaba por allí porque creo que (y esto es lo triste), en todo Madrid, soy el único profesor universitario de una asignatura dedicada al cómic: Historia y Teoría de las Narraciones Gráficas. Estaba allí por lo raro, supongo. Enseguida me sentí dentro. Los mismos códigos, la pasión común, el intento de abordar el cómic con el respeto y el rigor que se merece. Da gusto sentir esto. Da gusto compartir esto. Uno se siente menos solo.

De vuelta. Volvemos a existir. Gracias a M4rt1n, mi dios.

El tesoro (gráfico) de la Viuda

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ViudanegrablogMe inicié con una viuda. Pero antes, estaba el kiosco de la Plaza de El Barrero de mi pueblo. Y mi padre acercándose al soporte de la revistas y descolgando Purk, el hombre de piedra. Era un cómic en ese formato italiano pequeño y horizontal en el que también se publicaba El Guerrero del Antifaz y, en tiempos, El Capitán Trueno. Tendría unos cuatro años. No sé si ya sabía leer, pero tengo el recuerdo de haberlo leído de cabo a rabo. Era invierno, pero hacía sol. Seguramente, acabábamos de salir de casa de mi abuela, que vivía por allí, cerca de la tienda de la viuda. Pero yo aún desconocía su existencia y la del tesoro que guardaba en su tienda.

Mi niñez fue una época llena de comics. Las visitas a la casa de mi abuela eran una aventura. Me aguardaban el Capitán Trueno, el Jabato y, sobre todo, viejos -ya entonces- cuadernillos de los superhéroes de la Marvel (el Capitán América dibujado por Frank Miller, el viejo Spiderman de Ditko, los Cuatro Fantásticos y La Patrulla X de Kirby, el Nick Furia -tan cinematográfico- de Steranko y, sobre todo, Kill Raven -casi desconocido y uno de mis favoritos- de Don McGregor y Craig Russell…), de Vampus, Rufus y Vampirella (las primeras historias de terror de la Warner que llegaron a España antes de que Toutain apostase por Creepy), de Pulgartito y de Pumby, del TBO, de Lily (la revista femenina de Bruguera) y otros muchos títulos que ahora no recuerdo (—¡Trinca!, la revista en la que publicaba Víctor de la Fuente). Eran números dispersos, sin continuidad, que compraban mis tíos y tías -eran cuatro, seis, ocho años mayores que yo- en una destartalada, desordenada tiendecita de El Barrero (—¿cómo diablos se llamaba la propietaria, siempre vestida de negro, idéntica a su anciana madre, que solía dormitar en una hamaca de playa incluso en invierno?).

Cuando entré en esa tienda por primera vez, ya con ocho o nueve años, fue como haber descubierto la Cueva de Alí Babá: cientos de tebeos -infantiles, de superhéroes, de terror, de ciencia ficción, policiacos, eróticos- a mi disposición. Apilados en estanterías llenas de polvo sin el más mínimo orden, lo que le daba un valor añadido a la búsqueda, a la caza de la historia, del personaje, del dibujante o el guionista que me interesaba en ese momento. No compraba los comics, los cambiaba por otros -los que no me gustaban o por los que había perdido interés- por una peseta (luego fueron dos y cinco). Miles de historias, miles de personajes… Admiraba, envidiaba a aquella mujer antipática, que parecía más vieja de lo que seguramente era y que no mostraba -algo sorprendente para mí entonces- el más mínimo interés por el valiosísimo tesoro que guardaba en su casa.

Recuerdos veranos enteros con la nariz dentro de los comics, mirando, leyendo, oliendo cada línea, cada bocadillo, cada viñeta, cada página… Me encantaba cómo olían aquellas revistas viejas. Me encantaba perderme en ellas, leer, oler, sentir, sumergirme en aquella experiencia total, absoluta, intransferible, y que creía perdida… Hasta que no hace mucho me ofrecieron impartir en la Universidad una asignatura llamada Historia y Teoría de las Narraciones Gráficas -me la vendieron muy mal, como una especie de marrón– junto a otras dos, Narrativa Audiovisual y Narrativa Cinematográfica que se suponía que tenía mucho más que ver con mi perfil y curriculum que la primera.

El marrón se convirtió en un placer desde el primer instante. Un favor que me hacían. Un favor personal y privado. De nuevo esa sensación está conmigo, aunque siga sin recordar el nombre de la vieja viuda -—¿Conchita?, como mi abuela. No, creo que no-. Pero, —¿acaso importa? Están las historias. Y la Viuda Negra (la de Dan Defensor -Dare Devil-, la de Nick Furia -SHIELD- y el Capitán América, la de Spiderman y Los Vengadores), que era mucho más guapa y sexy. Por cierto, se me olvidó su nombre. Era un nombre ruso, creo.

P.D.: Natasha. Me acordé.