No he podido evitarlo. Se me reveló. Debía hacer el jueguecito de palabras. En el titular, digo, con Lorca eran todos, la obra de teatro dirigida por Pepe Rubianes recientemente retirada del Teatro Español por la presión terrorista y con Me cago en dios, la obra de Íñigo Ramírez de Haro, censurada por la Presidenta de la Comunidad de Madrid y objeto también -en la propia carne de su autor- de la agresión terrorista. También sucumbió La Revelación, el espectáculo de Leo Bassi, cuando colocaron un artefacto explosivo en el Teatro Alfil. Ha nacido un nuevo tipo de terrorismo. Un terrorismo contra el teatro. Sus operaciones se gestan en ciertos foros de internet, en ciertos medios de comunicación donde se arenga y se grita: ¡Paremos el espectáculo! ¡Detengamos la función!

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