No hace mucho el Centro Dramático Nacional estrenó Sangre lunar en el María Guerrero. Un espectáculo con una escenografía móvil impactante y sorprendente y unos actores y actrices eficaces. Sin embargo, no terminó de convencerme. Considero a Sanchis Sinisterra uno de los mejores dramturgos españoles y un gran teórico del teatro. Un maestro. Mi maestro, a pesar de que nunca lo he conocido personalmente. En sus textos es tan importante la palabra como el silencio. No es difícil escribir palabras, pero sí lo es escribir silencios. No es difícil dirigir palabras, pero sí lo es dirigir silencios. Me gustó la escenografía. Pero no me gustó para el texto de Sanchis. Sangre lunar no necesita de artificio. No permite hablar al silencio. Tampoco permite oírlo. El monólogo final de la chica en coma es genial. Sólo por él merece la pena haber ido a ver la obra. A pesar de la fastuosa escenografía. Prefiero al Sanchís desnudo.