Como la carta no especificada qué requisitos eran esos (creíamos tener solucionada la cuestión burocrática), llamamos a la que había sido nuestra interlocutora, María Antonia Torrejón, a la sazón Asesora de las Artes (sic). Nos explicó que el proyecto de programación que habíamos presentado excedía a las características de la convocatoria. Esto es, teníamos programadas actividades que no eran estrictamente teatrales: ciclos de cortometrajes y debates con los directores, conciertos acústicos de grupos emergentes de rock, danza y otras actividades por el estilo. Además incluíamos, como no podía ser menos -somos una sala teatral-, la programación de obras de teatro (Teatro Hurgente, monólogos, etc). En fin, una programación híbrida que daba cabida a distintas expresiones. Nada espectacular.

Hasta la última preposición

Tras la explicación, tuvimos clara una cosa. Nunca recibiríamos una subvención. Al menos desde el Área de Gobierno de las Artes (qué mal suena unir gobierno y arte). Desde nuestra modesta sala entendemos que el teatro debe mezclarse, contaminarse de otras artes, de otros códigos. Del audiovisual, de la música, de la danza. Y, aunque todavía no hemos llegado a ello, de las Nuevas Tecnologías de la Comunicación. Y de las antiguas. En el escenario del Janagah convivirán todos estos códigos, todas estas expresiones y las que aún no han llegado. Convivirán todos aquellos códigos que enriquezcan y haga al teatro más teatro. Dentro del teatro, antes del teatro, durante, mientras... hasta la última preposición.

Hoy en el diario EL Mundo, el dramaturgo Pedro Víllora le hace una entrevista a Martin Crimp, el autor británico pinteriano que programa el nuevo Teatro Valle-Inclán. "Es cierto que me he beneficiado -dice Crimp- del hecho de que nuestro teatro, el Royal Court, esté subvencionado". Y añade: "Todo escritor investiga sobre el tema, pero también con el material con el que se crea: el lenguaje. Dado que ya no existen recetas establecidas para la creación, cualquier escritura para el teatro es el intento de crear una forma que contenga un significado para el escritor, y es de esperar que también para el público".

Programación multidisciplinal

Nunca seremos el Royal Court, evidentemente (ni yo Martin Crimp, a lo que por otra parte no aspiro), por muchas subvenciones que nos concedan. O que no nos concedan. Pero el Janagah sí tiene un público. Por respeto a él llevamos nuestra programación a cabo, al menos todo aquello que pudimos hacer sin subvención. Este año -la necesidad obliga- volveremos a solicitarla, también con una programación multidisciplinal. En el Janagah aún creemos -muchos lo considerarán ingenuo- en el efecto transformador del teatro. Por tanto, que cambien ellos.