jueves 15 junio 2006
Cuando los cerdos flotan sobre el Teatro Albéniz
Por Gustavo Montes, a las 17:26 :: TEATRO :: #26 :: rss
Leyendo la prensa, me acordé de un verso que escribí hace años, cuando eras más joven y tomaba sucios trenes que iban hacia el norte, como diría el amigo Sabina. Era algo así como ...en aquella charca espesa donde, de niño, vi cerdos flotando. No recuerdo más. Pero no importa. Tampoco viene al caso. Hoy publica El Mundo algo nuevo sobre el Teatro Albéniz. La información, firmada por Isabel Longhi-Bracaglia, resulta inquietante. Básicamente viene a decir que la protección como edificio singular se hubiera podido mantener si el gobierno de Esperanza Aguirre no hubiera retirado el recurso de casación presentado por el anterior presidente, a la sazón Ruiz-Gallardón. Esta decisión de Aguirre, tomada año y medio después de asumir el cargo pese a figurar la compra del Albéniz en su programa electoral, permitió que se archivara la causa y se hiciera firme la sentencia de descatalogación del teatro. Es decir, permitió que fuera vendido por sus propietarios a la inmobiliaria Monteverde. ¿Por qué hizo Aguirre esto contraviniendo su propio programa electoral? Los políticos, en campaña al menos, hablan del programa como de algo casi sagrado, un compromiso -dicen- con los ciudadanos. ¿Por qué lo hizo entonces? ¿Por qué tomó una decisión contra su propio programa, contra los intereses de los madrileños que dice defender hasta la saciedad en su pertinaz enfrentamiento con el gobierno central?
Uno no puede dejar de pensar en cosas oscuras. En charcas espesas. Negras. En intereses particulares de la propia presidenta, sobre todo teniendo en cuenta las acusaciones que Eva Aladro y Berta Delgado, promotoras de la Plataforma Salvemos el Albéniz, hicieron en su primer escrito:
Por lo que hemos podido saber parece que la ley que desprotegió al teatro puede ser ilegal, sobre todo si se ha hecho para favorecer una operación inmobiliaria favoreciendo a ciertos constructores y al anterior propietario, íntimo amigo y compañero del marido de Esperanza Aguirre. (No sé si luego, Eva y Berta se desdijeron de esto para no politizar el tema. No he vuelto a leer en ningún sitio nada sobre esta acusación. Pero el tema tiene que ver con la política. Tiene que ver con una manera de gobernar. Es absurdo despolitizarlo. Ya es política).
A mi modesto entender, creo que Isabel Longhi-Bracaglia o cualquier otro compañero periodista en ejercicio debería ponerse a investigar en serio. No ya para salvar al Teatro Albéniz -algo de por sí importantísimo- sino para comprobar estos indicios de presunta corrupción política de la dirigente del PP, algo muchísimo más grave, aunque menos romántico. Creo que no es suficiente vivir de filtraciones procedentes de uno u otro bando del Partido Popular en esta guerra de pellizcos conventuales sobre territorio madrileño (en este caso parece que la fuente huele a Gallardón que tira para atrás).
Merecería la pena dedicar esfuerzo y profesionalidad a este asunto. Sobre todo, teniendo en cuenta que en la vivienda de Esperanza Aguirre, un palacete en una calle de mi barrio donde llevo a mi perra a hacer sus necesidades (joder, la limpian mucho más que la mía), están domiciliadas varias empresas inmobiliarias. Que alguien siga las miguitas de Pulgarcito. Me da en la nariz que llevan a esa fosa en la que, de niño, vi cadáveres de cerdos flotando.
Comentarios
1 El domingo 16 julio 2006 a las 11:09, por Beltrán Gambier
2 El lunes 17 julio 2006 a las 09:35, por Gustavo
3 El sábado 30 septiembre 2006 a las 04:39, por Beltrán Gambier
4 El domingo 8 octubre 2006 a las 11:07, por Beltrán Gambier
5 El jueves 12 octubre 2006 a las 07:04, por Beltrán Gambier
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