Siempre me gustaron las artes marciales por su naturaleza teatral. Karate, aikido, shihaishinkai, kik boxing, thai boxing... Todas las disciplinas tienen en común un ritual, una estrucutra dramática muy determinada y una puesta en escena siempre distinta. El actor concentrado para salir al escenario.


La aparición explosiva, el intentar hacerse dueño de la escena desde el primer momento.


El conflicto entre los personajes manteniéndose, proyectándose hacia el desanlace.


Cada uno con su estrategia, que modifica en función de las acciones del otro.


No importa qué los mueve. Sólo el deseo de avanzar, de conseguir el objetivo.


Hay verdad escénica en el cuadrilátero, en el dojo. Más que en el teatro. Nada está establecido.


Sólo el desenlace. Que siempre es dramático. En un conflicto, siempre hay vencedores y vencidos.


Y ya nadie es el mismo. La derrota o la victoria nos hace cambiar. Incluso a los espectadores.