Los empresarios privados de teatro se han quejado de tanta competencia subvencionada. Sobre todo porque en los medios no queda espacio para sus producciones. Rezan para que cuando termine el festival las aguas vuelvan a su curso. Es decir, para que sus espectáculos vuelvan a ocupar el espacio, ya de por sí escaso, que piensan que les corresponde en las páginas de periódicos y revistas. De natural odio el otoño, pero bajo esta perspectiva, es más llevadero. Al menos, de este modo los amigos empresarios saben cómo se sienten las salas pequeñas y las compañías modestas que compiten con ellos por el mismo espacio cuando hay y no hay festivales. Al menos, en otoño, todos somos hojas secas bajo la lluvia. Ya sé, ya sé... Mal de muchos consuelo de tontos. Y de pobres, qué hostias. Rencor social, dicen. Y a mucha honra. Qué nos queda si también nos quitan el rencor.