"¿No te suma qué?", dije, aunque lo oí perfectamente, pero qué iba a decir si no. "Numerología -repitió-. Mi nombre tiene una conjunción planetaria muy jodida, ¿sabes?". "¿Y cómo te llamas ahora?". "Gabi -con i latina- Izarra. Suma cuatro". "Suma cuatro", repetí. "Suma cuatro. La numerología asigna valores numéricos a las letras. Dan valor a los rasgos de personalidad y al estado de ánimo. El otro nombre tenía una..." "Ya -le interrumpí-. Una conjunción planetaria muy jodida". "Muy jodida -repitió él-. Ya he informado al director. "¿Y qué te ha dicho?". Lo dije temiendo la respuesta. "Que le dé su nombre a mi amigo numerólogo para que le averigüe". Hace un rato cambié el nombre de Gabriel Salas de la ficha técnica de Algo sigue su curso. Ahora se llama Gabi Izarra que, por lo visto, suma cuatro. Me temo que dentro de poco tendré que cambiar el nombre del director, G.G. López. El mundo del teatro es así. Tiene su base en la magia. Hasta un racionalista como yo debe respetar estas cosas. Todo sea por el éxito de la obra. Lo mismo acabo buscando yo también un nombre que me sume cuatro. O cinco. O mil quinientos, lo que haga menos jodida la conjunción planetaria.